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Escritura en piedra


La edición impresa del Financial Times dedicó este fin de semana un artículo a los grabados en piedra. Al parecer, las inscripciones en lápidas, esculturas, totems y similares viven una segunda juventud.

En un momento en el que escribimos en un formato digital fugaz y veloz, este fenómeno se presenta por un lado como una reacción a la intagibilidad de los mensajes y, por otro, como un deseo de trascender la pantalla y sus bits infinitos.

Como afirmó el escultor y tipógrafo Eric Gill, «letters are things, not pictures of things». Para él, los grabados y los textos manuscritos «responden a una necesidad inherente, indestructible y permanente de la naturaleza humana» (FT, 3/12/2011, p. 58). Si la afirmación es cierta, ¿dónde nos lleva la comunicación digital y cómo respondemos a ella?

(En la imagen: Morrison Poem, poema en acero de Gary Breeze).

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Cien «clafoutis» y otros objetivos personales


Empieza un nuevo curso y, en esta epóca, cualquier tiempo pasado fue mejor.  Nos ronda el síndrome posvacacional.  Los expertos señalan que una buena manera de superarlo es marcarse objetivos que aporten ilusión al otoño.

Hay tantos objetivos y tan variados como personas. A cada uno nos mueven valores distintos. Éstos son objetivos más sorprendentes que he conocido en estos días por fuentes diversas:

– En un extremo del arco,  los hedge fund managers de la City de Londres coinciden (según cuentan ellos mismos) en su obsesión por jubilarse a los cuarenta habiendo ganado previamente diez millones de euros.

– En el otro, el «pastelero barbudo» se propone servir cada semana cien clafoutis,  entregándolos personalmente en bicicleta por todo Amsterdam.

Ambas metas no podrían ser más dispares y dibujan un arco de posibilidades en el que caben muchas opciones intermedias. Sin embargo, ambas tienen en común un punto esencial: son mensurables.   Diez millones; cien pasteles. El reto de marcarse objetivos es buscarles una unidad de medida: ¿Cuántas horas a la semana dedicaré a mi hobby? ¿Cuántas palabras escribiré al día? ¿Cuántos CVs enviaré en una semana? ¿Cuántos kilos quiero perder?  Sólo si podemos medir podemos hacer. Pero sospecho que nuestra psique lo sabe y prefiere mil veces que pensemos en  propósitos bienintencionados: «Buscaré trabajo»; «me matricularé en un taller»…. Es duro marcarse objetivos, en especial cuando ya vamos desbordados y el mero hecho de cumplir con los compromisos cotidianos se convierte en un logro diario. Pero a la larga más duro es autoengañarse, dejarse llevar por la agenda y pensar que un buen propósito basta.

Uno de mis objetivos es, precisamente, terminar la revisión de Y tú, ¿qué marca eres? para la nueva edición y entregar el manuscrito en el plazo acordado con mi editor. Estamos en ello.

 

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Tu otra vida


¿Quién hubieras querido ser en otra vida?

Con esta pregunta arrancó la invitación a participar en el proyecto Tu otra vida, una iniciativa del fotógrafo Marc Cardona con la colaboración de Otras cosas de la agencia Villarrosás. Cincuenta personajes formulan su otra vida y, a cambio, la reciben en forma de foto.

El proyecto se acerca al tema que me ocupa: la identidad. Si uno pudiera escoger su tiempo y espacio, ¿quién hubiera querido ser? Cambiar de identidad on-line es una operación sencilla –diría más: frecuente. Pero… ¿cambiar de identidad en la presencialidad? Me animó la curiosidad, el déficit habitual (“¡faltan mujeres!”) y las otras vidas ya fotografiadas: astronautas, tenistas, banqueros, vengadores, videntes….

En mi otra vida hubiera vivido en Paris en el siglo XVIII. Regentaría un salón, punto de encuentro entre personas de talantes dispares, ubicado en lo que la escritora Benedetta Craveri denomina «la cultura de la conversación”. Conversar para influir y para aprender. En otra vida, habría sido Mme. Arqués – en ésta, regento un salón en Facebook.

Pasar una tarde de verano embutida en un corsé resultó al final una experiencia amable que, junto con el resto de otras vidas fotografiadas (cuyas sorpresas puedes ojear ya aquí ), podrá verse en una exposición y un libro previstos para octubre.

Neus Arqués, escritora. En su otra vida habría sido ANFITRIONA DE UN SALÓN PARISINO en el S XVIII.
Proyecto «Tu otra vida»
Fotógrafía: Marc Cardona
Estilismo, maquillaje y peluquería: Argelia Teo y Mía (Ornaments & Crime)
Localización: Otras cosas de Villarrosás

Y tú, ¿quién hubieras querido ser en otra vida?

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Cómo nace un libro… y qué podemos hacer los autores


El lunes 16 imparto una sesión sobre Marketing para escritores en la 13ª edición del curso Cómo nace un libro, que organiza el Ámbito cultural de El Corte Inglés. El curso presenta el proceso editorial de la mano de los profesionales que trabajan en él, desde el autor (este año Jordi Cervera, Llucia Ramis i Marc Pastor, a quien debemos El año de la plaga ) hasta el librero (con Paco Camarasa de Negra y Criminal).

Ésta es mi segunda edición y de nuevo me centraré en explicar que escribir y publicar no son sinónimos. A partir de ahí y en base a mi experiencia, hablaré de las acciones que puede desarrollar un escritor para dar a conocer su obra. Le pongo buen humor a la cosa, porque suele suceder que pervive lo que denomino «el síndrome de Claudia Schiffer«: tu escribes y «eres descubierta» por un cazatalentos que se encarga de guiarte al estrellato bestseller mientras tú, encerrada en un bonito estudio con vistas al mar, te dedicas a lo que realmente te interesa, a saber, escribir. Eso no es así y los números cantan: menos del 3% de los autores noveles pueden vivir de sus derechos.

La encrucijada entre publicación y nuevas tecnologías es un espacio de oportunidad para el autor- y también de cambio. Empecinarnos en que «nos descubran» es poco realista. Ha cambiado nuestra descripción del puesto de trabajo (sobre el tema reflexiono en el artículo «Cuando escribir ya no es suficiente», que publicará la revista Trama & Texturas en su próximo número). Nos guste o no, aparecen nuevas formas de autoría y nuevos vehículos para compartir las ideas, se multiplican las voces y los mensajes y los lectores tenemos cada vez menos capacidad de atención.

Mi posición: ante el ruido, relevancia. Debemos lograr primero que aquello que hemos escrito sea pertinente para nuestro lector y, después, hacérselo visible. Asumir la relevancia y la visibilidad de la propia obra es imprescindible. ¿Cómo? Del tema me ocupo en Marketing para escritores (Alba, 2009) y a él volveré en el curso Libro 2.0, que codirijo con el editor Roger Domingo en Barcelona, del 6 al 10 de junio. Esta conversación también se da en mi nuevo salón en Facebook, al que estás invitadx.

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La paradoja de la elección

Cuantas más opciones se nos presentan, más difícil es escoger. Tener muchas posibilidades parecía garantía de progreso y, sin embargo, los estudios indican lo contrario: la variedad excesiva en la oferta nos conduce a la parálisis y al sentimiento de culpa. Si el tema te interesa, te invito a leer la reflexión que he publicado sobre la llamada «paradoja de la elección» en el blog de Manfatta, mi empresa.

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Solsticios

El reciente solsticio lunar ejemplifica el signo de los tiempos. Colectivamente nos sentimos abatidos por una crisis que, como dice un amigo, hace demasiados días que nos acompaña. A este abatimiento se suma la inversión en alegría que caracteriza a la Navidad, cuando, una vez más, nos proponemos  y nos proponen ser felices por tres días -olvidando que a menudo chocamos con los propósitos de felicidad de otros. Y si vives, como yo, en Barcelona, a la ausencia de luna y a la liturgia navideña se suma un cielo plomizo, encapotado, que susurra «tómate otra aspirina, tómate otra aspirina».

Llegamos a fiestas como los atletas a la recta final. Se acaba el año, se acaba el mundo y nos entregamos a los rituales propios de cada quien para celebrar que en enero todo será distinto -y fundamentalmente igual.

Yo nací en «el otro» solsticio, el de verano, en la noche más larga del año. Llevo mal tanta aspirina y tanta oscuridad. Prefiero medicarme con la máxima que se atribuye al poeta Luis Rius: «No se puede vivir como si la belleza no existiera».

Suerte entonces, y ánimo, para las próximas lunas. Felices fiestas.

Foto: «Oak and full moon«, de Not on your Nelly.

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Game over: Aprender del fracaso

  «Nadie escribe sobre el fracaso porque nadie está dispuesto a reconocerlo». Estas palabras posicionan, ya al inicio, uno de los libros de gestión más útiles que he leído en mucho tiempo.

En Game over: Los 13 errores que me llevaron a cerrar mi empresa (Netbiblo, 2010)  Javier Regueira analiza los tropiezos empresariales más comunes.  El autor parte de su experiencia personal y ese es uno de los principales méritos del libro: la capacidad de extraer enseñanzas prácticas y generales de un caso concreto, el suyo. No será éste el primer manual de prevención de fracasos, pero puede que sea el primero escrito por un «emprendedor fracasado confeso».

Javier se puso en contacto conmigo hace meses, a raíz de mi Marketing para escritores. Por sus correos deduzco que es un tipo cabal y con la cabeza bien amueblada. Me alegro de haber contribuido -ni que sea remotamente- a que Game over haya visto la luz. Vivimos en un tiempo y un lugar dominados por la hipérbole, donde todos somos estupendos todo el rato. La nuestra es una cultura que valora el triunfo (cuanto más rápido y mediático, mejor) y no reconoce el error como fuente de crecimiento. Nuestra tolerancia social al fracaso es muy baja.

Que Javier Regueira «se atreva» a compartir su experiencia como emprendedor fracasado y que sea capaz de ver más allá de lo que no salió bien y socializar el porqué me merece un gran respeto. Además, el libro -un breviario casi, por extensión y tamaño- está escrito de forma clara y ágil, con fuentes documentadas y con los datos apropiados.

Si de mí dependiera, Game over sería lectura obligatoria en las escuelas de negocios y en las incubadoras de empresas y allí donde haga falta una dosis de sensatez empresarial.

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Banda sonora

Antes de marchar de vacaciones he podido -¡por fin!- desarrollar un proyecto que me rondaba desde hacía tiempo: compilar la banda sonora de mis novelas en Youtube.

Un hombre de pago se escribió escuchando salsa cubana (de la isla y del exilio). Los 25 capítulos deben su título a las piezas cuyos vídeos he agrupado en esta lista. Por otro lado,  los capítulos de Una mujer como tú, continuación de la anterior, remiten a canciones de los ochenta y noventa. En ambos casos no están todos los títulos que son, pero sí son todos los que están. Esas canciones no son banales en la trama y pueden dar pistas -a quien quiera oirlas- de por dónde van los tiros.

He publicado las listas en un canal propio, donde he incluído además otros videos sobre servidora, básicamente entrevistas. Al conjunto le he denominado NeusArqués TV. La idea  de «TV personal» no es mía: me he inspirado en Gonzalo Martín y en Pere Rosales, compañeros ilustres que disponen de sus propios canales. Por cierto, Estrategia digital de Pere es una lectura muy recomendable si quieres aprovechar las vacaciones para organizar de forma sencilla y eficiente el plan digital de tu empresa -o el tuyo propio.

Salvo novedades urgentes, me despido hasta la vuelta. ¡Feliz verano!

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Una de aventuras: Sartine y la guerra de los guaraníes

A Juan Granados me lo presentó un amigo común y desde entonces mantenemos una intermitente relación digital. Juan me propuso leer su última novela, Sartine y la guerra de los guaraníes (EDHASA Narrativas históricas). No había leído nada suyo y acepté.

Sartine se ambienta en la España del XVIII, un imperio a medio gas que negocia con Portugal un nuevo reparto de Paraguay. Pero la cosa no es sencilla, porque por el medio se cruzan los jesuitas, quienes ven en las llamadas reducciones el marco ideal para materializar sus aspiraciones teocráticas.

El intendente del Rey -Nicolás Sartine- protagoniza esta novela que, más que histórica, calificaría de épica. Juan es historiador en ejercicio y tiene la maña de plasmar de modo muy visual la dureza de la época. Y no sólo en sus descripciones del Nuevo mundo sino también en el retrato de una corte caduca. Granados describe escenarios y esfuerzos que a mi me recordaron poderosamente La misión y, más aún, Aguirre, la cólera de Dios. En definitiva, leí la novela como una película.

Sartine me acompañó en un ida/vuelta en AVE y la terminé ayer en casa. Mientras maldecía al vecino no identificado que a las diez encendió el aire acondicionado a todo tren, pensaba en los hombres que, hace casi 300 años, pasaban calores peores con una actitud más digna -más castiza seguro- que la nuestra. Hablo de hombres porque las mujeres en Sartine son elementos de apoyo, taberneras de buen ver, aristócratas que esconden amores perdidos o jovenes parientes en busca de tutela. Son el refugio del guerrero, pero no te lo tengo en cuenta, Juan, porque así eran seguramente las cosas en el XVIII (en eso pensaré cuando el vecino le de al aire acondicionado).

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Del príncipe azul a la autosuficiencia

La revista Yo Dona publicó el sábado en su número 267 la tertulia «¿Dónde está el hombre ideal?».  Participé en el debate junto con la periodista Esther Esteban, Gloria Juste, Presidenta de la Fundación Mujer, Familia y Trabajo y la actriz y empresaria Blanca Marsillach.

Aún siendo las tertulianas de perfiles bien diversos, coincidimos en la conclusión: la pareja ideal no existe. De hecho, cuestionamos la propia existencia del concepto, por trasnochado. Hoy las mujeres buscamos más un compañero de vida que un «salvavidas», una persona con quien evolucionar a la par.

Como contrapunto, ayer participé en el programa Plaza Nueva de Radio Vitoria. El título concreto: «Mujeres y madres autosuficientes«. Me precedió la representante de la Asociación de Mujeres y Madres Autosuficientes. Este colectivo agrupa a mujeres que no tienen pareja y que se apoyan mutuamente en la vida cotidiana. La asociación es muy activa. Ante la lacra social de la violencia de género, ofrece cursos de autodefensa a sus asociadas y organiza patrullas cívicas contra la inseguridad.

Las dos entrevistas me dieron una pauta de la distancia que hoy puede mediar entre la mujer y el hombre: la que va del príncipe azul a la autosuficiencia defensiva. Es hora de una reflexión compartida, porque está claro que las cosas no son como eran, pero no está nada claro como serán.

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