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La convergencia y el bolso

A la hora de hacer maletas visualizo en toda su dimensión la actual falta de convergencia. Necesito encontrar un bolso que pueda facturarse en cabina y que no me destroce la espalda en el que quepan: el notebook; su cable, protector y cable de teléfono (en caso de ausencia de wifi); el Kindle y su cargador correspondiente; la blackberry y su cargador; el adaptador (para el enchufe).

¿Dónde está el teléfono / ordenador / dispositivo lector todo en uno, que sirve para todo y todo lo hace bien?  Para mí la respuesta no es el iPhone ni el iPad. La respuesta no se ha inventado todavía. En el interin, si fuera fabricante de bolsos de viaje, aumentaría el tamaño. Ya que el contenido no resuelve las necesidades del usuario, adecuemos el continente.

Hasta la vuelta.

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¿Visibilidad o reputación?

Visibilidad y reputación son dos caras de la misma moneda. Según se ponga el acento en uno u otro concepto, se llega a una percepción distinta de la Red.

«El miedo vende». Lo he dicho y lo publica hoy «El país«. El reportaje en cuestión se centra en la reputación negativa, en el impacto de las críticas y en los sitios web que, desde posiciones más o menos anónimas, permiten disparar a todo lo que se mueve. Precisamente porque el miedo vende interesa cargar las tintas contra los comportamientos digitales lesivos y no centrarse en los beneficios de la Red.

Visibilidad. La Red democratiza la visibilidad y permite que profesionales y empresas que no disponen de un gran presupuesto puedan presentar su oferta a su público. No hacen falta recursos astronómicos, porque la mayoría de plataformas que conforman los Social Media son de uso gratuito. Este es el gran cambio y la gran oportunidad que, antes de Internet, no existía.

Ojalá pronto la visibilidad «venda» más que el miedo.

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Los libros, a la nube

Hace dos meses anoté mi intuición de que el futuro de los libros, como el de la música, estaba en la nube. De Spotify a «Bookify», para entendernos. Poco me imaginaba que Google -¿quién sino?- ya estaba en ello.

El buscador ya ha anunciado su decisión de convertirse en neo-librero, vendiendo libros que no se descargarán en ninguna terminal concreta sino que se leerán, desde cualquier soporte, en la nube.  De hecho, su Vicepresidente para Alianzas estratégicas va a presentar el proyecto en unos días en BookExpo America, la feria del libro de los EEUU, y allí estaré, sentada en primera fila. Los libros son la «nueva frontera» de los contenidos digitales, mi área de especialización.  Cómo leeremos -no sólo «qué leeremos»-y cómo «encontraremos» aquello que queremos leer no es sólo una cuestión de tecnología sino que impactará decididamente nuestro modo de interpretar el mundo y relacionarlos con él: ¿Acaso no leemos -y escribimos- para eso?

Antes de irme a Nueva York habré hablado de libros y contenidos digitales:

Este miércoles 12, a las 19h, en la Primavera literaria de Tarragona, invitada por la Assoc. Ariadna.

El lunes 17, a las 19h, en el XII Curso sobre la Creación literaria y la edición (Ámbito cultural ECI).

El jueves 20, a las 16h, en las 12 Jornadas Catalanas de Información y Documentación.

Libros, libros, libros. Un sector tan venerable y una transformación tan rápida.

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La era de la incertidumbre

Mi generación es probablemente la que más garantías de supervivencia  ha tenido (eurocéntricamente hablando);  sin embargo, nunca nos hemos sentido menos seguros.

Vivimos más años y en mejores condiciones. Somos la generación más preparada y, en ella, las mujeres hemos alcanzado cuotas inauditas (lo que no quita que no hayamos pagado un precio considerable).  Estamos acostumbrados a la certeza; tanto, que nos atrevemos a medir cosas como el índice de felicidad de los países. Si encima, como es mi caso, trabajas en Internet, entonces ya la medición es obsesiva: todo puede medirse, todo puede mejorar. No hay límites a la bondad del conocimiento y de la tecnología. Podemos secuenciar nuestro ADN, reproducirnos con asistencia, podemos teletrabajar y tener más amigos (on-line) de los que cabrían en un bar.

Sin embargo, la realidad se obstina en no darnos la razón. Estamos en medio de una crisis que empezó siendo financiera y es ya integral (y de la que no vemos el final). Las prestaciones que dabamos por descontadas a cambio de nuestros impuestos se tambalean (¿quién pagará mi jubilación?). No podemos siquiera viajar con la calma de antes: nos acecha el MV (Maldito Volcán – a mí ya me ha saboteado una excursión), o un terrorista amateur en pleno centro de NY (a donde iré en breve, aunque -todo sea dicho- con el corazón encogido).

La generación más sana y mejor preparada de la Historia se compra pulseras que prometen la paz de espíritu. Es duro entender que hoy sólo la ansiedad nos hará libres.

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El pasado ya no es lo que era

Esta semana prometía… y entró en acción el volcán.

Me enfrentaba yo a la semana más literaria del año cargada de energía y animada por la recompensa final. El viernes iba a reunirme con mis compañeros de promoción, a los que no veo desde hace… ¡veinte años!

La reunión era en Italia. Y digo «era» porque la acaban de suspender. Debido a las restricciones aéreas motivadas por la erupción del volcán de nombre impronunciable, la mayoría de participantes no podía llegar con garantías al evento. Mi trayecto era corto y relativamente seguro; sin embargo, muchos de mis compañeros debían recorrer distancias largas y no se daban las condiciones.

La distancia es, precisamente, el quid de la cuestión. Los participantes acudían desde países remotos: antiguas repúblicas soviéticas, capitales africanas con conexiones aéreas imposibles… Y estaban -estábamos- dispuestos. Un gran fin de semana para reencontrarnos y recordar.

Gracias a Internet, estamos al día de las vidas de los otros. Y precisamente por eso sabe mal que no podamos vernos. El pasado ya no es lo que era.  No es ya un conjunto inconexo de escenas pretéritas. La posibilidad de mantener el contacto de forma fácil  hace que los recuerdos reaparezcan en nuestra vida con la misma frecuencia con que hacemos la lista de la compra.

Ya no recordamos de forma lineal, sino de forma circular.Y ese recuerdo circular aturde, porque el pasado vuelve pero nosotros ya no somos los mismos.

Tomarse una copa de vino y reírse de las sandeces perpetradas hace veinte años es una buena técnica para recalibrar la perspectiva. Ahora, alimentados por un volcán irascible en un país exótico, los recuerdos crecerán, como la ceniza, otra vez.

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«Una mujer como tú» se lee en el móvil

Desde ayer mi novela Una mujer como tú ya está disponible para leer en el móvil.

Puedes descargarla en la plataforma de Gospoken.com. Allí verás los terminales para los que es compatible. También está disponible para los usuarios de Vodafone 360.

Avanzamos así en el proceso de digitalización, que iniciamos publicándola en formato ebook. Una mujer como tú está hoy disponible:
– para Kindle, donde continua en el primer puesto entre las novelas femeninas;

– para lectores de formatos abiertos: en Todoebook, en Smashwords y para Nook /Barnes and Noble.

Trabajamos ya en su adaptación al nuevo iPad de Apple. Y, por supuesto, Una mujer como tú continua disponible en papel.

Seguiremos informando. Feliz lectura y felices vacaciones.

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Saturados

Dudaba entre hablar de «hastío» o «hartazgo», pero una visita a la Real Academia me lleva a optar por «saturación». En Física se entiende por saturar «aumentar la señal de entrada en un sistema hasta que no se produzca el incremento en su efecto».

Pues eso.

Estoy saturada. Estamos, creo, saturados. ¿Por qué lo digo? Porque lo leo (y si Gonzalo «no pué más«, menos puedo yo). Por observación, propia y ajena.

Empiezo con la confesión propia

– Abro mi lector de feeds de forma errática. Cierto es que cuando lo hago me doy un atracón de posts. También es cierto que he borrado la mitad de mis suscripciones y que ahora mismo anotar un blog nuevo es una adhesión excepcional.

– Amigos en FB / contactos en LinkedIn:  ¿Me apetece regresar permanentemente al pasado? No.

– Leo en papel de forma compulsiva, aún siendo flamante propietaria de un Kindle incunable. ¿Tendré que pasarme al iPad (ergo aprender cómo funciona un nuevo gadget)?

Continuo con  mi muestra particular:

– El blogger Hugh Macleod resucita su newsletter.

-Lily Allen, cantante entronizada como social networker, anuncia en setiembre que abandona los medios sociales (que precisamente la dieron a conocer) (NB: Sin embargo, ayer volvió a twittear). 

– Los organizadores de Cava & Twitts escogen, como tema del mes, el Slow Life Design.

Mi muestra no es estadísticamente significativa, pero en mi opinión apunta una tendencia emergente. Fragmentación. Saturación.

¿Tiene solución la saturación? Sí.  ¿Cuál es? La relevancia. Ser relevante. No veo otra.

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Cómo mejorar la calidad de vida digital

Internet es un gran ladrón de tiempo. Los medios sociales fagocitan nuestra atención y, cuando queremos darnos cuenta, se nos han pasado las horas en nada. Cuando eso sucede, nos sentimos frustrados, desbordados o ambas cosas a la vez.

Por eso me han interesado las recomendaciones de Penny C. Sansevieri, experta en Marketing. Resumo aquí su «10 Ways to Rock on Social Media and Still Have a Life«:

  • Seleccionar  las fuentes de consulta
  • Suscribirse (vía RSS) sólo a las que consideremos de interés
  • Limitar el tiempo dedicado a cada tarea.
  • Automatizar tareas (mediante autorespuestas…)
  • Sindicar el propio contenido entre las distintas plataformas
  • Crear una rutina cotidiana
  • Centrarse en las tareas esenciales
  • Diseñar un plan de actuación
  • No seguir al líder (es decir, ignorar aquellas recomendaciones que no interesen, incluídas las suyas).

El artículo me interesa además como signo de los tiempos. Empiezo a percibir cierto hartazgo digital, una saturación mental ante la diversidad de opciones, la fragmentación, la multiplicación de identidades y la proliferación de gurus. No me extrañaría que pronto asistieramos a un repliegue. La atención se nos acaba; Internet, no.

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De sujetadores y privacidad

El año empieza en Facebook (FB) con un curioso viral (por no llamarle hoax) que anima a las usuarias a escribir en su muro el color de su sujetador. Objetivo ( y cito): «Veamos hasta donde llega… hasta donde podemos transmitir y expandir el juego, y concienciar a la gente sobre el cáncer de mama, mientras dejamos q los chicos se pregunten por q tenemos un color en nuestro “status”».

Me ha sorprendido el número de amigas en FB que se han lanzado sin pudor a anotar un dato privado (el color de la lencería) en un espacio público, en aras de una causa no especificada. ¿De verdad pensamos que anotando «beige» vamos a concienciar a alguien sobre el cáncer de mama?

Este strip-tease general no me parece buena idea. Creo que cuando Mark Zuckerberg, fundador de FB, sale a la palestra hablando de que la privacidad ya no es una norma social tenemos un problema. Está claro que a FB le interesa extender esa creencia, porque las redes sociales viven de minar nuestra información personal. Y a los usuarios igual no nos hace tanta gracia.

Amigos, amigas en FB y lectores casuales: cuidar vuestros datos personales.  La privacidad (entendida como «ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión» – RAE) es un recurso en vías de extinción. Hay que matizar la idea de la gratuidad en Internet. En la Red, las cosas no son gratis. Google no es gratis, FB tampoco: pagamos con nuestra información. Y como todavía no sabemos gestionar bien esta nueva moneda, pagamos de más, igual que cuando viajamos a un país exótico que emplea una moneda distinta a la nuestra y nos perdemos al hacer la conversión.

Repito aquí mi mantra: No digas en FB lo que no dirías en un bar.

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Conectar, crecer, creer

Empiezo el año con tres propósitos sólo. He decidido limitar el número para poder dedicarles más atención. No son los típicos objetivos medibles (también necesarios), sino una especie de balizas que me orienten en los meses que vienen. Los comparto aquí a modo de «post-it» digital.

CONECTAR. Es cierto que la tecnología nos hace estar permanentemente de guardia, localizables 24/7 ,y que esta circunstancia merma nuestra atención. Por eso es importante decidir que nivel de disponibilidad ofrecemos. En el lado opuesto, sin embargo, esta la desconexión. Algunos amigos me hablan de su vuelta al trabajo como de un martirio. Necesitaban «desconectar» y ahora deben «reconectar». Yo opto por «conectarme». Para mí todas las horas del día deben ser valiosas, incluidas las que paso trabajando. Son muchas horas y no quiero desperdiciarlas. No me refiero a vivir pendiente de la PDA (no lo hago ni tengo intención) sino a entender mi yo profesional como parte de mi yo.

CRECER. No en el sentido físico, claro, sino como persona. En el 2010 quiero continuar trabajando en proyectos de Marketing y editoriales que me lleven más allá. Avanzar en el camino y/o encontrar caminos nuevos.  Los momentos de cambio son momentos de oportunidad y ahora mismo lo único seguro es el cambio.

CREER. A veces pienso que nací con un dispositivo «anticontradicciones» de serie. De forma inconsciente detecto la inconsistencia y el fallo y eso me lleva a menudo a cuestionarme los razonamientos del otro. Mi propósito para el 2010 es hacer más actos de fe, ser menos crítica y estar más predispuesta a creer, buscando la verdad que se esconde detrás de una contradicción.

El 2010 pinta bien. Manfatta, mi empresa, cumple diez años y  aprovechando la efémérides vamos a «refundarla». En el plano editorial, Marketing para escritores continua dando que hablar, Una mujer como tú se mantiene (desde junio ya) entre las diez  novelas románticas más vendidas en Kindle y (ésta es la primicia), en abril tendremos nuevo libro.

Empezamos entonces.

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