En los años setenta, el Festival de la Canción de Benidorm era la meta de todo cantante que aspirase a triunfar: ganarlo suponía grabar disco, salir de gira, visibilidad… Benidorm era sinónimo de éxito.
Durante la pandemia y para desarrollar lo que terminó siendo la serie Mítics 70 (puedes ver los episodios en este enlace), visioné un montón de galas. Me quedo con ésta: la XVII edición del festival, en 1975, la ganó el valenciano Juan Camacho con el tema «A ti mujer».
Proclamado ganador, Camacho regresa al escenario mientras el presentador, José María Iñigo, nos informa de la dotación del premio.
Tanto los compositores como el intérprete se llevaron una Sirenita de Oro: éste era el nombre que recibía el trofeo conmemorativo.
Lo que varió fue la dotación. Además de la Sirenita, los compositores (en este caso el productor Juan Pardo y el propio Camacho) se llevaron 250.000 pesetas; el intérprete (Camacho), 100.000 pesetas.
Puede que la diferencia de importes obedeciera a que era habitual que los compositores fueran más de uno. El caso es que el Festival premiaba la autoría de la canción ganadora por encima de la ejecución.
No saco el tema con ganas de revival setentero, aunque no me faltan. Lo saco porque me parece fundamental. Grabé la serie sin experiencia audiovisual previa y descubrí que la legislación y los usos actuales del sector audiovisual premian la ejecución. Los créditos por idea original son residuales y hay que lucharlos.
Eso, amigas y amigos, me parece descorazonador. En un momento en que un modelo de IA puede abordar cualquier tipo de desarrollo, la potestad que nos queda a los humanos -por ahora- es idearlos. El valor está en la idea, el punto de partida, el prompt.
La ejecución es muy importante, pero va a estar cada vez más presionada por la capacidad de los modelos de IA de asumirla.
Desde aquí pido entonces un regreso al modelo Benidorm.


