Visibilidad y marca personal

La marca personal, inconfundibleMENTE

Al regreso de vacaciones nos encontramos con un trabajo que a menudo nos desanima y nos preguntamos qué podríamos hacer para ganar dinero con lo que nos gusta.

Eso mismo me preguntó Julio Muñiz, productor y presentador del podcast InconfundibleMENTE. Julio desde Miami y yo en Barcelona hablamos de:

Cómo ganar dinero con lo que te gusta
Por qué es tan importante hoy ser visible
Cómo saber cuál es tu propósito
Qué sucede con tu marca personal si trabajas para una empresa
En qué redes sociales tienes que estar
Cómo ser visible si eres introvertido/a
Cómo armar una buena red de contactos y
Cuál es el hábito que más me ha cambiado la vida.

Puedes escuchar la entrevista entera en este enlace.

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La visibilidad, en clave poética

El poeta Antonio Machado dedicó estos versos al filósofo José Ortega y Gasset en sus  Proverbios y cantares:

El ojo que tú ves no es
Ojo porque tú lo veas
Es ojo porque te ve.

Si leemos los versos en clave de visibilidad, entenderemos que, en realidad, por mucho que nos esforcemos por transmitir nuestro mensaje y nuestra marca, necesitamos que el otro la vea.

No basta con declarar: “es mi cliente” o “es mi lector”. Se trata de que el cliente o la lectora o el comprador o la estudiante se reconozca como tal.

Mi manera de compartir esta noción se resume así:  La marca está en los ojos de quien mira.

Por lo tanto, detrás del primer paso- la construcción de nuestra propuesta- va el segundo y fundamental: estar muy atentos a que sea visible y relevante para el público al que queremos llegar.

Es nuestro interlocutor/a quien tiene la llave.

Retomamos la tertulia de Neus con un tema que me llama la atención: el mundo de los cástings. A las 19,30 CEST te presentaré a Sílvia Menéndez-Cahué, directora de Casting_Co. Hablaremos de cómo funcionan los castings, quiénes se presentan, cómo se escogen. También hablaremos de libros. Te espero (1 de julio, a las 19,30 CEST)  en mi tertulia en Instagram.

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Marca personal y rentabilidad: el ROI de tu marca personal

¿Te preguntas qué ganas construyendo tu marca personal?

Esa premisa es básica.  Nuestra marca personal debe generar un retorno. Ningún cliente en su sano juicio invertiría en una campaña de marketing sin esperar beneficios a cambio. Si inviertes recursos en tu marca (en formación, asesoramiento, diseño…), tú también debes esperarlos.

La marca personal aplica las técnicas propias del Marketing a nuestro posicionamiento, con el fin de que nuestro talento sea más visible y nuestra propuesta, más rentable. Desarrollada de forma correcta, incide en la rentabilidad de tu propuesta profesional por dos vías: incrementando ingresos y reduciendo costes.

  • Reducción del coste de adquisición de clientes. Si tu marca se diferencia en el sector, los clientes te ven y acuden a ti. Una marca diferenciada es más reconocible que una marca blanca. Indicador: Aumento en el número de leads.
  • Aumento del walletshare. La experiencia positiva de tus clientes y la alineación de sus valores y los tuyos facilita los proyectos conjuntos y genera confianza. El cliente quiere continuar colaborando contigo en otros proyectos. Indicador: Grado de retención de clientes.
  • Menor sensibilidad al precio. Cuando la experiencia de marca es positiva, tu cliente quiere contratarte a ti, no a cualquier otro profesional que hace lo mismo que tú. La posibilidad de sustituirte se reduce. Esta preferencia mejora tu posición negociadora y te permite incrementar tarifas. Indicador: Tarifario.
  • Más oportunidades de negocio. Uno de los elementos clave de una marca personal es red de contactos sólida. Los contactos son la principal vía que tenemos los profesionales por cuenta propia de detectar y ganar nuevos proyectos. Indicador: Número y calidad de tus contactos.

El retorno de la inversión requiere un tiempo de maduración porque las marcas personales no son exprés: no puedes construir tu marca de la noche a la mañana.  Cada una de estas cuatro métricas te permiten medir el ROI y evaluar si tu marca personal progresa adecuadamente.

Los escritores también necesitamos una marca personal fuerte para que nuestros libros se vendan y se lean. Cada vez más los lectores descubren los libros de la mano de quien los ha escrito. Puedes trabajar conmigo tu Marca de escritor en este curso que comienza el 29 de junio en Cursiva.

La ilustración procede de este pin.

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Cómo saber si lo que escribes vale la pena

Escribir contenido de calidad es una buena estrategia para ser más visible.

Si escribes periódicamente, te mantienes presente en la mente de tus clientes actuales y potenciales. Tus textos se convierten en tus agentes comerciales: venden tus servicios por ti.

Cuando compartes contenido en tu web o blog, en Linkedin o en otras redes, estás mostrando tus competencias y tus áreas de interés. El contenido actúa como embajador de tu marca personal.

Publicar en Internet es sencillo. No necesitas el permiso editorial de nadie, porque tú eres tu propio editor/a.

Y aquí aparece la pregunta:  ¿Cómo sabes si lo que escribes vale la pena?

Hay tanto contenido que parece que está todo dicho. Parece que todas las historias están contadas y que va a ser muy difícil, por no decir imposible, que puedas aportar valor. ¿A quién le importa lo que tú escribas?

Esta resistencia es muy común.  Los escritores lo llamamos poéticamente «miedo a la página en blanco».

Pero podemos desmontar ahora mismo los dos argumentos que sostienen esta resistencia.

Primero: “Está todo dicho”

Todo, todo, no. Todo… menos lo tuyo.

Tú tienes una perspectiva y unos conocimientos sobre tu tema que no tiene nadie más.

Lo digo con total convencimiento. Nadie ha tenido la misma trayectoria, trabaja en la misma posición, con los mismos clientes y resultados que tú. Solo tú puedes ser tú. Por lo tanto, lo que tú compartes es necesariamente singular.

Te pongo un ejemplo. En Marca personal, cada uno de mis colegas tiene su querencia. Andrés Pérez Ortega escribe sobre estrategia personal, Guillem Recolons nos habla de employer branding, Arancha Ruiz de marca y talento, Jordi Collell de marca y huella, … A mí me interesa la visibilidad. Todos pivotamos alrededor de un concepto central y lo declinamos a nuestro modo.

Si escribes sobre lo que te diferencia, nos das un punto de vista único.

Segunda objeción: “Es imposible que yo pueda aportar valor”

Para mí el valor de un texto se mide por la vocación de servicio.

Te propongo que escribas pensando en servir a tus lectores. Pregúntate qué inquietudes, dudas o problemas tiene tu audiencia que tú, con tu experiencia y punto de vista, puedes resolver.

Te pongo otro ejemplo: esta nota está inspirada en tres clientes. No se conocen entre sí y tienen perfiles diversos, pero los tres me han consultado lo mismo: ¿vale la pena publicar su contenido?

Si escribes desde tu propia perspectiva y con voluntad de servicio, tu contenido será útil seguro.

Ánimo y ¡a escribir!

Si quieres diseñar la mejor estrategia de contenidos para tu visibilidad, podemos verlo juntas en una sesión privada.

Si eres escritor/a y quieres impulsar tu marca personal, te paso la convocatoria del curso que imparto este verano en Cursiva.

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¿Sufres el síndrome de la impostora?

d5b639c02262b07dac519c857f439c87Imagínatelo.  Se anuncia que te han promocionado. Tus compañeros te felicitan. Los clientes están encantados. En casa te proponen que salgáis a celebrarlo.

Tú, en cambio, sientes un nudo inmenso en el estómago. Las dudas te ahogan:  ¿De verdad soy la persona más indicada? ¿Podré cumplir las expectativas? Toda esta promoción es un puro despropósito.  No podré y creo que no la merezco.

Si este discurso mental te resulta familiar, estás experimentando el síndrome de la impostora.

Llegué a este síndrome buscando entender por qué, aunque nos decimos que queremos ser visibles, al final no lo somos. Cuando llega el momento de la entrevista o la pausa-networking salimos huyendo de forma más  o menos discreta. Lo veo en las clientes a las que acompaño. Lo he visto en mí misma.

Las mujeres –y hombres- que experimentan el síndrome de la impostora no quieren correr el riesgo de ser descubiertos.  No quieren hacer visible su talento porque desconfían de sus propias capacidades.

Orígenes

En 1978 Pauline Clance y Suzanne Imes publicaron un paper sobre lo que denominaron “fenómeno o síndrome de la impostora”.

En su investigación, las dos psicólogas analizaron una muestra de mujeres con unos logros notables, que eran incapaces de internalizar: esas mujeres desconfiaban de sí mismas.  Pensaban que lo suyo había sido un fraude que tarde o temprano se descubriría .

Clance e Imes lo resumieron así:  «A pesar de contar con logros académicos y profesionales extraordinarios, las mujeres que sufren el síndrome de la impostora están convencidas de que en realidad no son inteligentes y de que han engañado a quienes creen que sí lo son. (…) (Creen que) su éxito ha sido… cuestión de suerte y que (….) salvo que realicen un trabajo hercúleo (…) no podrán mantener el engaño”.

¿Qué se esconde detrás de este síndrome?

El síndrome de la impostora no se considera un trastorno mental ni un rasgo de la personalidad, sino una respuesta a determinados estímulos externos.

Las causas aportadas por los profesionales que lo han estudiado incluyen:

– La necesidad de encajar: la mujer puede pensar que socialmente no le conviene  destacar por su talento y que le resulta más rentable negarlo.
– El perfeccionismo: llevadas por un ansia de excelencia, negamos el talento actual a expensas de un talento imposible.

Cuáles son las consecuencias y cómo abordarlas

El síndrome no nos ayuda a crecer, ni individualmente ni como sociedad.

Por un lado, tenemos la pérdida social de talento. Quienes sufren este síndrome se hacen invisibles y se retiran deliberadamente de cualquier contexto que perciben como competitivo

A título individual, provoca el sobreesfuerzo: convencida de que es una falsa y de que la van a pillar en falta, la mujer (o el hombre) que se siente impostora trabaja más y más para alejar el fantasma del fracaso.

Si te cuesta interiorizar tus logros y sientes que en realidad estás engañando a todo el mundo, éstas son las recomendaciones de los especialistas:

  • Compara tu auto-evaluación con las opiniones que terceras personas emiten sobre ti: evaluaciones del desempeño en un trabajo, recomendaciones y reconocimientos. ¿Coinciden? ¿Es todo tan tremendo como imaginas?
  • Acepta las felicitaciones y los elogios. Piensa bien en su significado último antes de tirarlos a la papelera mental del “si supieran que yo…”
  • No te encojas: Date la oportunidad de competir. No pierdas por adelantado.
  •  Comparte tus temores. Al expresarlos, salen de tu cabeza y pierden fuelle.

Si te da miedo ser más visible, en esta guía comparto tres remedios prácticos para superar la resistencia a mostrar tu talento.

También podemos trabajar juntas para que el síndrome de la impostora no te bloquee. Tienes todos los detalles haciendo clic en este enlace.

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Cómo decidir si te conviene aceptar un trabajo gratis

¿Qué tienen en común estas tres situaciones?

  • Tu cliente te pide que hables en la convención anual de su empresa.
  • Tu colega te propone que moderes una mesa redonda.
  • Tu compañera te invita a que te unas al equipo organizador del congreso.

Es habitual que estas tres solicitudes se acompañen de … silencio.

Nadie habla de remuneración. Y para ti es incómodo preguntar si piensan pagarte.

Cuando finalmente sacas el tema, la respuesta es una alternativa («te daremos visibilidad delante de toda la empresa»), una evasiva («Lo hablamos más adelante») o una propuesta negativa («no podemos pagar a los moderadores»). O una combinación de las tres.

En esta tesitura, en la que todos nos hemos encontrado, la pregunta clave es: ¿Cuándo conviene trabajar gratis y cuando se impone pedir pago?

La respuesta no es sencilla porque no existe una regla universal.

Comienzo por el principio.

Es importante en este tipo de ofertas detectar posibles abusos.

Entiendo por abuso que quien te ofrece que impartas un taller gratuito sea una organización que puede perfectamente pagar tu tarifa, pero prefiere ahorrarse el coste. La persona que te contacta cobra por organizar el seminario, el hotel le cobra el alquiler de la sala, la empresa de catering cobra por los canapés, los asistentes pagan su inscripción y los esponsors patrocinan… pero tú no cobras por dotar el evento de contenido.

Houston, tenemos un problema porque sin contenido no hay canapé.

Si tu cliente paga por el canapé y no por ti, el canapé tiene más valor que tú.

Y tú tienes más valor que un canapé. Por lo tanto, toca renegociar los términos de la propuesta – o declinar la invitación.

En mi caso, considero que mi propuesta aporta valor al público de mi cliente y está avalada por mis libros. Los dos únicos escenarios de gratuidad que contemplo se basan en estas dos claves:

  • El prestigio. Quien me convoca tiene tal alcance, se relaciona con una audiencia tan alineada con mi marca, me permite aprender tanto, me acerca de tal modo a mis objetivos que la propuestacompensa mi esfuerzo.
  • La pasión. Me importa el proyecto y/o la persona que lo impulsa y veo que en este momentono está en disposición de pagar mis honorarios. Me comprometo porque mi intervención contribuye a construir una comunidad en la que creo.

En ambos casos, consideraré la opción de no cobrar – y estudiaré junto al cliente cómo arbitramos una compensación alternativa.

Siempre, siempre, negociaré alguna forma de compensación, por la sencilla razón de que no hay reconocimiento sin retribución. Que reconozcan tu esfuerzo requiere algún tipo de retorno: en especies, en tiempo, en productos, en contactos, en visibilidad.

Del gratis cuesta mucho salir: mejor no entres.

Potencia tu marca personal y tu visibilidad suscribiéndote a mi tertulia en este enlace.

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¿Es posible ser discreto y ser visible?


A menudo me escriben lectores/as y me confiesan en voz baja que, aunque saben que necesitan ser visibles, no les va el armar jaleo.

Les entiendo muy bien.  Confundimos visibilidad y ruido. Hoy el juicio de valor es más cuantitativo que cualitativo: equiparamos el alcance de las personas con su influencia. Recurrimos a cifras absolutas: número de fans, de reproducciones, de retweets

Sin embargo, incluso en un entorno cuantificado (y precisamente porque lo es), creo que es posible disfrutar de una visibilidad sin aspavientos.

La manera para ser visible sin dejar de ser discreto pasa por ser relevante.

Recuperando una reflexión que compartí en este blog  en 2009, éstas son para mí las dos preguntas clave:

  • Cuando comunico: ¿Lo que he dicho ha sido relevante para las personas a las que me dirijo?
  • ¿Lo que he aprendido en cada interacción -de mis interlocutores, de otros ponentes, de los asistentes al debate- ha sido relevante para mí?

El objetivo es comunicar con aquellos a quienes puede interesar tu propuesta de valor y no molestar al resto: no agregar ruido innecesario.

Lo que nos llena está dentro, no fuera. Si te gusta escribir, pongamos por caso, escribe, más allá del número de lectores que tengas. Esa alegría íntima no depende de tu alcance social si no de tu alcance interior. Cómo le escuché en una entrevista precisamente a una celebrity, la cantante Shakira: «Esto se pone más grande, pero no se pone mejor».

Gracias por compartir esta entrada y comentarla.

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¿Cabe todo en tu marca? La respuesta es: SÍ

El mercado premia la especialización: se nos pide que seamos muy buenos en algo.

Vivimos encorsetados en un modelo vertical, en el que vamos subiendo peldaños de lo mismo.

Pero no somos lineales: somos creativos y esta exigencia nos limita.

Todos somos creativos. Lo que varía es la expresión de nuestra creatividad.

Son personas creativas las que trabajan en las llamadas industrias creativas, que incluyen desde actividades tradicionales, como la joyería o el diseño a nuevos subsectores como el desarrollo de videojuegos.

Por otro lado, también son creativas aquellas personas que desarrollan actividades creativas como proyectos paralelos. Estos no son su fuente de ingresos principal o quizás ni siquiera generan ingresos. Pero la ausencia de valor crematístico no elimina su valor competencial.

De forma profesional o no, todos somos creativos.

¿Cómo podemos insertar en un mercado lineal nuestros proyectos divergentes? Queremos presentar simultáneamente nuestras capacidades en distintas áreas sin tener que crearnos perfiles en serie.

La solución es multifacética.

Una parte del cambio tiene que venir de las plataformas de empleo, que deberían flexibilizar sus modelos de currículum para hacerlos transversales en lugar de verticales. Desde aquí me pongo a disposición.

Mientras eso sucede -esperando que suceda- la salida al corsé nos la dará en primera instancia la propia creatividad.

La marca personal, en tanto que personal, es creativa por naturaleza. El reto es cómo integras la creatividad en tu marca para mostrarla al mundo de forma plena y no segmentada.

Si tienes intereses múltiples y/o crees que tu marca personal está estancada, te espero en el Taller Explora tu creatividad y escribe tu Marca personal, el viernes 17 de enero en Barcelona.

 

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Tu cliente ideal, ese personaje

Para que tu marca sea rentable, tiene que ser visible. Necesitas que la vea tu cliente ideal.

Piensa en tu marca como una historia. Tú eres el/la protagonista y los clientes son los personajes. ¿Qué sabes de ellos?

Esta pregunta es la que empleamos para desarrollar la trama de una novela o el guion de una serie.  Puedes escribir el perfil de tu cliente empleando los mismos recursos creativos que utilizamos para perfilar los personajes de una obra de ficción.

Comencemos por la definición. Entiendo por cliente aquella persona que tiene un problema que tú puedes resolver, que quiere solucionarlo y que puede pagar la solución que le ofreces.

Siguiendo estos pasos puedes describir el perfil de tu cliente ideal.

Este cuestionario te da los datos básicos de partida.

Estas tres preguntas  te guían a la hora de ver cómo puedes atender a tu cliente:

  • ¿Qué problema, miedo o inquietud tiene tu cliente?
  • ¿Qué solución le ofreces tú a ese problema?
  • ¿Qué compatibilidad existe entre él/ella y tú?

Te recomiendo que respondas por escrito y en primera persona, para que te pongas en su piel.

Veamos un ejemplo: Te presento a Isabel

Me llamo Isabel.  Trabajo desde hace quince años en el área de recursos humanos de una gran empresa.  Me da miedo quedarme desfasada por los cambios tecnológicos y a menudo pienso que me infravaloran.  Cada vez me atrae más la idea de cambiar de rumbo.  Me gustaría retomar la escritura que dejé cuando nacieron los chicos. No me siento suficientemente preparada pero tengo ganas, energía y disponibilidad. Me considero una persona discreta y salir a vender mi libro me da pánico, pero en verdad lo que más quiero ahora es escribir.

¿Cómo es tu perfil de cliente?   Abordarlo desde la óptica del personaje es una fórmula creativa, entretenida y eficaz: en lugar de continuar pensando en el cliente como un ente abstracto, lo humanizas. Tu comunicación se vuelve más auténtica y tu marca, más visible.

Te animo a compartir dudas y preguntas a pie de post .

La ilustración que acompaña esta nota es de Laurent Folco y procede de este web.

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La marca personal y el miedo

Será la fanfarria de Halloween que nos envuelve, o el otoño que oscurece nuestro hemisferio…. Lo que sé es que, hablando de Marca personal en reuniones con los clientes y cafés con mis estudiantes a menudo escucho la palabra miedo. Léase:

«Tengo miedo de explicar lo que hago»

«¿Y si nadie me contrata?»

«Dar este seminario me genera una angustia que no veas»

«Si alguien me publica una mala reseña, me hundo»

«No quiero morir de éxito».

El miedo está íntimamente relacionado con la visibilidad: si no te ven, no te juzgan. Lo contrario también aplica: incrementar la propia visibilidad supone arriesgarse. Por eso a veces la marca personal nos intimida más que otra cosa.

¿Qué podemos hacer para superar este el miedo? Te propongo algunos ejercicios de gimnasia verbal y emocional.

  • De entrada, cuidemos el lenguaje. Las palabras pesan. Si hablas de «morir» de éxito, estás enviando una señal clara de peligro al subconsciente. Eso no te va a calmar los nervios.
  • Dicho esto, me parece importante que hablemos del miedo. Cuando uno es capaz de verbalizarlo, se diluye. Sale de la cabeza y se encoge.
  • Es muy productivo acercarse al miedo desde la curiosidad. Preguntarse por qué. Diseccionar la circunstancia y ver qué se esconde detrás realmente.

Una amiga definió en una ocasión el miedo como «un acelerador de procesos». Paradójicamente, el temor es la señal que indica el camino al que nos estamos resistiendo.

Te agradezco que compartas esta nota con las personas de tu entorno que todavía no se atreven a mostrar al mundo su talento. Y para no quedarnos en el tremendismo, lo he decorado con mi clásica ilustración de Halloween, firmada por Sarai Llamas. ¡Eso sí que da miedo!

 

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