El miércoles pasado estaba reunida con Pau, el director de la Escuela de Escritura del Ateneu, y de repente dijo:
—Escribir es decidir.
Me entusiasmó la afirmación, por radical y clara.
Le he dado unas cuantas vueltas al aforismo.
Escribir es decidir: decidir qué historia cuentas, desde qué punto de vista, qué omites, con quién publicas…
Vivir es decidir: decidir dónde y con quién vives, a qué dedicas el tiempo y la energía, qué causa te importa…
Por lo tanto, escribir y vivir se parecen mucho.
Por eso me parece cada vez más importante que las personas escribamos. Escribir ordena el pensamiento y lo plasma. Nos centra y nos orienta.
Animo a todo el mundo a escribir: solo le veo ventajas. Yo escribo todo el rato: diario por la mañana, notas, proyectos, novelas, mensajes… No puedo concebir mi vida sin escribir.
Inciso: los verbos «escribir» y «publicar» no son sinónimos. Conozco personas cuya motivación reside en la idea romántica de la publicación: la feria del libro, la mesa de firmas y la presencia de tu madre, que finalmente se siente orgullosa de ti viéndote firmar un libro tras otro.
Escribir va por otro lado, de puertas adentro. Es un acto de clarificación que te sostiene. Publicar en cambio es un acto de proyección que te hace visible (incluso a tu pesar). Mejor no los confundimos.
Vuelvo a escribir. Se lo recomiento a todo el mundo. Es terapéutico. Es creativo. Es accesible. Te ayuda a tomar decisiones.
Escribir es decidir.
Vivir es decidir.
Escribir es vivir.


