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Tu valor, tu trabajo y tú

Tengo una amiga a la que apenas veo porque está dedicada en cuerpo y alma a su trabajo. Cuando no es un proyecto, es una propuesta. Te habla de su empresa como si fuera una religión y sostiene, literalmente, que «donde está la oficina está mi casa».

Esta amiga trabaja en un sector pionero en la incorporación de modelos de IA a los procesos productivos. Me pregunto qué hará cuando su posición sea eliminada. ¿Dónde estará su casa cuando no tenga oficina?

Esta es la pregunta del millón. La IA va a automatizar y eliminar muchos puestos de trabajo. Bill Gates ha predicho que en 2035 la semana laboral se reducirá a dos días. No me preocupa lo que hará mi amiga -o lo que haré yo- el resto del tiempo: las opciones de ocio aparecerán seguro. Lo preocupante es cómo definirá su valor personal.

Si solo mides tu contribución en horas trabajadas y en bonus, ¿qué harás cuando falten ambos? Si la percepción del propio valor se vincula al empleo y el empleo se reduce drásticamente, ¿cómo nos vamos a sentir?

Hace tiempo tomé la decisión de competir solo conmigo misma. Decidí que mi objetivo no es vender más -aunque me gustaría, claro. Mi objetivo es escribir mejor. ¿Mejor que quién? Mejor que yo. Este objetivo, que es modesto y grandioso a la vez, tiene la ventaja de que depende de mi. Visto en perspectiva me parece una buena decisión.

¿Cómo planteamos nuestro propio valor más allá del trabajo? La pregunta es acuciante porque lo que se nos está viniendo encima no es un cambio tranquilito: es una revolución plis-plas. Lo peor, como expresa este acertado post de Gapingvoid, no es que la IA te quite el trabajo: es que la IA te despoje de la percepción de tu propio valor.

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