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Hemos vuelto a la Edad Media (sí: tú, también)

Salvo que vivas incomunicado, te habrás enterado de la boda de Jeff Bezos en Venecia.

¿Y por qué escribo sobre eso?

Respuesta: porque esta boda nos devuelve directamente a la Edad Media, donde ya vivimos de hace rato, de forma visible y sin complejos.

El fundador de Amazon y su pareja, Lauren Sánchez, han querido casarse en Venecia y para eso han alquilado la ciudad entera. Todos los hoteles de lujo a su disposición: los huéspedes realojados, con una noche extra de compensación por el mal trago. Imagínate que has ahorrado para pasar tu noche de bodas junto al Gran Canal y viene el milmillonario y te dice que nanay, que allí van sus huéspedes (que han amarrado los superyates poniendo en riesgo el fragil ecosistema de la laguna).

Los venecianos se han dividido entre quienes están de acuerdo con que el enlace se celebre en la ciudad y quienes se oponen. Estos han organizado la campaña «No Space for Bezos» con un lema que me parece acertado: «Si puedes alquilar Venecia para tu boda, puedes pagar más impuestos«.

Los grupos contrarios a la mercantilización de la ciudad anunciaron que pensaban lanzarse a los canales «armados» con cocodrilos hinchables para impedir el paso de las góndolas. Si no fuera tan peligrosa, la escena resultaría incluso bonita: cocodrilos hinchables frente al equipo de exmarines que el fundador de Amazon lleva consigo para garantizar su seguridad.

La protesta de los venecianos es fundamental porque pone sobre la mesa una situación que sospechábamos y ahora vemos en todo su esplendor: los milmillonarios actuan como señores feudales y nosotros somos los súbditos. ¿Qué quieren alquilar tu ciudad aunque tú no quieras? Pues la alquilan. ¿Que quieren aparcar el yate aunque eso te cause un daño medioambiental? Pues lo amarran. ¿Que quieren regalar a la novia un viaje al espacio exterior? Pues se lo regalan, aunque un vuelo suborbital de 11 minutos emita 75 toneladas de carbono por pasajera (el equivalente al total de las emisiones a lo largo de la vida de una ciudadana común y corriente).

Para paliar en lo posible la crisis de reputación provocada por las protestas, la pareja ha efectuado sustanciosas donaciones a organizaciones locales, en nombre propio y en el de sus invitados. Traducción: «Os damos una limosna para que veais lo buenos que somos. Y porque nosotros podemos hacer lo que queramos y eso incluye monopolizar vuestra ciudad y convertirla en un gran escenario para nuestra magnífica boda».

Te he querido hablar de esta boda por la arrogancia de los contrayentes. No suscribo sus valores ni su estética ni su estilo de vida y en la medida de lo posible no contribuyo a su negocio, aun siendo consciente de la inevitabilidad de Amazon.

Puede que mi animadversion se explique porque vivo en Barcelona y mi ciudad también se alquila (que se lo pregunten a Louis Vuitton, que se hizo con el Park Güell de Gaudí para presentar su coleccion a pesar de las protestas vecinales).

Y puede que mi animadversión se explique porque lo veo venir. La boda de los Bezos, con su estética kitch y su prepotencia, nos deja claro quién manda. Los Tech Bros y otros milmillonarios nos han devuelto a la Edad Media: ellos son los señores y nosotros, los súbditos.

¿Cúal es tu opinión? Cuéntamela respondiendo a este correo.

Quiero despedirme con una nota de alegría por las buenas audiencias de mi serie Mítics 70 (puedes verla de forma gratuita aquí) y por haber iniciado mi colaboración con la revista Quadern de les idees con un artículo sobre Virginia Woolf (CAT).

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