Empezar un nuevo proyecto o rehacer un proyecto que no avanza como quisiéramos nos lleva a la pregunta del millón: ¿Por dónde empiezo?
Podríamos hacer tantas cosas para arrancar el proyecto o ponerle remedio que no es fácil asignar los recursos.
Aquí van cuatro preguntas para decidir por dónde comenzar.
¿Cuál es mi objetivo? Pregúntate qué quieres lograr con el proyecto en cuestión. Mejor si formulas tu objetivo de forma que puedas medirlo (en euros, en tiempo, en número de palabras….)
¿Por qué? Pregúntate cuál es la motivación que te lleva a plantearte este proyecto (ingresar más, aumentar tus posibilidades de promoción interna, que te propongan dar conferencias). El por qué te ayudará a tomar decisiones.
¿Quién más? Fíjate en personas que desarrollan proyectos similares. ¿Cómo lo hacen? ¿Qué priorizan? ¿Qué / cómo puedes aprender de ellas?
¿Con qué recursos? Haz una lista de la compra con dos columnas: los recursos que necesitas y los que tienes.
A partir de aquí, la gran recomendación: No le des más vueltas.
Basándote en las respuestas y en los recursos que tienes, ponte en marcha. Realiza una acción, por pequeña que sea.
Ya has empezado. Y una vez has empezado, estás en otro estadio y ves el proyecto de otra manera. Ya no es una idea en un papel: ha comenzado a caminar.
Y tú, ¿cómo te pones en marcha?


