¿Es posible ser discreto y ser visible?


A menudo me escriben lectores/as y me confiesan en voz baja que, aunque saben que necesitan ser visibles, no les va el armar jaleo.

Les entiendo muy bien.  Confundimos visibilidad y ruido. Hoy el juicio de valor es más cuantitativo que cualitativo: equiparamos el alcance de las personas con su influencia. Recurrimos a cifras absolutas: número de fans, de reproducciones, de retweets

Sin embargo, incluso en un entorno cuantificado (y precisamente porque lo es), creo que es posible disfrutar de una visibilidad sin aspavientos.

La manera para ser visible sin dejar de ser discreto pasa por ser relevante.

Recuperando una reflexión que compartí en este blog  en 2009, éstas son para mí las dos preguntas clave:

El objetivo es comunicar con aquellos a quienes puede interesar tu propuesta de valor y no molestar al resto: no agregar ruido innecesario.

Lo que nos llena está dentro, no fuera. Si te gusta escribir, pongamos por caso, escribe, más allá del número de lectores que tengas. Esa alegría íntima no depende de tu alcance social si no de tu alcance interior. Cómo le escuché en una entrevista precisamente a una celebrity, la cantante Shakira: «Esto se pone más grande, pero no se pone mejor».

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Por qué tus padres no necesitaron una marca personal y tú sí


El día que mi padre se jubiló, el gerente le entregó un reloj de recuerdo. Había pasado más de cincuenta años en la misma empresa: ni tenía ni necesitaba una marca personal.

Pero el escenario ha cambiado.

La generación de mi padre es la última qué experimentará esta longevidad corporativa. Hoy operamos en un mercado laboral fluido donde los vínculos entre empleador y empleado son tenues. Ya no existen los empleos de por vida.

Algunos estudios estiman que cambiaremos nueve veces de trabajo a lo largo de nuestra trayectoria profesional.

La única certeza que tenemos somos nosotros mismos. Este contexto nos convierte en vendedores-promotores de nuestro talento. Por eso debemos invertir en nuestra marca.

Si te aburre, te angustia, incluso te molesta pensar en tu marca personal, te entiendo, porque a mí me sucede lo mismo. En vez de dedicar recursos a hacer visible mi marca, preferiría escribir y acompañar a mis clientes y estudiantes.

Pero no puedo hacer como hizo mi padre e ignorar completamente la necesidad de tener una marca personal. Por eso creé la mía y por eso escribo y hablo del tema. ¿Me gusta? No. ¿La necesito? Sí. Podemos pensar que nos gustaría otro tipo de entorno socioeconómico, pero hasta que ese momento llegue la marca personal es la estrategia de posicionamiento profesional que está en nuestras manos.

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