Sr. Vergès, ¿quiere Vd cenar conmigo? | Neus Arqués

Sr. Vergès, ¿quiere Vd cenar conmigo?

La semana pasada fui a ver El abogado del terror, el documental que Barbet Schroeder dedica al abogado parisino Jacques Vergès.

Vergès se especializa en defender a terroristas y criminales de guerra. Este posicionamiento tan extremo fue el que me llevó al cine: ¿Cómo puede alguien asumir la defensa de los miembros de la banda Baader Manhof, de otros terroristas varios, de Klaus Barbie incluso? ¿De Klaus Barbie? ¡Eso sí que no!

El abogado inicia su camino a la fama en los juicios previos a la independencia de Algeria, durante los cuales crea la denominada “estrategia de ruptura”, por la cual los acusados no reconocen la autoridad del tribunal (con lo cual modifica las reglas del juego). Él es quien inicia las campañas internacionales de solidaridad con los presos.  Y gana. De Algeria Vergès sale especializado como “abogado de terroristas” y la verdad es que todos acaban vinculados a él. De ahí la pregunta ¿es comunista? ¿es un oportunista? ¿un extremista reaccionario? ¿un hombre traumatizado por sus origenes coloniales?

No puedo responder a la pregunta y ese es, creo, el gran mérito de la película.  Entras convencido de que tienes una “posición moral” (enfrentada a la de Vergès) y sales pensando que puede que no la compartas pero quizás sí entiendas la suya. En palabras de Gregorio Morán: “No es un trepador social, tampoco un revolucionario, ni un vulgar cómplice del terror. Es mucho más, es un abogado que demuestra que la ley es un trampa construida por los poderosos, que en ocasiones se les enreda en las patas del lobo y les hace temblar. No de vergüenza, como podría ser el caso, sino de miedo, quizá de complicidad”.

A sus ochenta años, Vergès es un interlocutor formidable, elocuente y discreto, escurridizo y atractivo a la vez. Salí pensando que me gustaría cenar con él, quizás para intentar de nuevo responder a la pregunta. Dudo que el Sr. Vergès lea este blog pero, por si acaso, queda dicho.

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Comentarios

Lo apunto para verlo. Yo me apuntaría a la cena, pero eso tiene un alto riesgo de que empiece a apuntarse gente y se pierda la complicidad de la cercanía, con lo que el enigma puede perpetuarse.

Y tú, ¿qué opinas?

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