Por qué tus padres no necesitaron una marca personal y tú sí


El día que mi padre se jubiló, el gerente le entregó un reloj de recuerdo. Había pasado más de cincuenta años en la misma empresa: ni tenía ni necesitaba una marca personal.

Pero el escenario ha cambiado.

La generación de mi padre es la última qué experimentará esta longevidad corporativa. Hoy operamos en un mercado laboral fluido donde los vínculos entre empleador y empleado son tenues. Ya no existen los empleos de por vida.

Algunos estudios estiman que cambiaremos nueve veces de trabajo a lo largo de nuestra trayectoria profesional.

La única certeza que tenemos somos nosotros mismos. Este contexto nos convierte en vendedores-promotores de nuestro talento. Por eso debemos invertir en nuestra marca.

Si te aburre, te angustia, incluso te molesta pensar en tu marca personal, te entiendo, porque a mí me sucede lo mismo. En vez de dedicar recursos a hacer visible mi marca, preferiría escribir y acompañar a mis clientes y estudiantes.

Pero no puedo hacer como hizo mi padre e ignorar completamente la necesidad de tener una marca personal. Por eso creé la mía y por eso escribo y hablo del tema. ¿Me gusta? No. ¿La necesito? Sí. Podemos pensar que nos gustaría otro tipo de entorno socioeconómico, pero hasta que ese momento llegue la marca personal es la estrategia de posicionamiento profesional que está en nuestras manos.

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