Visibilidad y marca personal

«Porque tú lo vales»: La nueva consumidora

Salgo hoy para Valencia donde mañana participo en la Jornada sobre Tendencias de consumo y oportunidades de negocio que organiza la Cámara de Comercio en el marco del Salón de la Franquícia.

Mi ponencia –«Porque tú lo vales»: la nueva consumidora- subraya las tensiones sociales y económicas que nos afectan hoy y la invisibilidad a ellas vinculada. Mi intención es presentar algunas de las estrategias que las mujeres empleamos para gestionar esta situación y comentar diversos casos de éxito para ver cómo una marca puede hablar a la mujer sin hacer Marketing color de rosa.

Si algun lector de este blog asiste y pasa a saludar, estaré encantada.

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«Compartir es crecer»-digo yo.

Peix&Co es una agencia singular: realiza campañas de comunicación externa e interna basadas siempre en citas célebres de mujeres autoras.

Hace un tiempo ya Gemma Cernuda, su fundadora y directora, me contactó pidiendome autorización para emplear una frase mía que le había interesado: «Compartir es crecer».

Estaba y estoy encantada de que la frase se utilice. Más que la autoría (y me halaga, seamos honestas), me importa el mensaje: cuanto más se difunda este mantra mío, mejor.

Uno de los clientes de Peix&Co seleccionó precisamente mi cita como eje de un congreso de turismo. La cita se aplicó a los materiales del congreso: a las acreditaciones, la papelería… Incluso se aplicó a elementos decorativos, como ¡globos!  Me parece un formato genial -nunca más fácil será que las palabras se las lleve el viento -y aquí dejo la prueba.

Al tema «Compartir es crecer» le estoy dando muchas vueltas últimamente.

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Google no es gratis

Ayer a las 19.30 h me puse en pie y, en una aula llena hasta la bandera, expuse durante una hora y a velocidad de crucero mis reflexiones sobre marca personal e identidad digital. Organizaba el evento la Asociación de Antiguos Alumnos del IDEC- Universitat Pompeu Fabra.

La mayoría de los AA eran más jovenes que yo (?!) y tenían experiencia en primera persona de conceptos como redes sociales o «googleizar». Lo que no tenían -lo que no tenemos, en general- es conciencia de la huella digital que dejamos al interactuar en la Red.  Esa es la parte de mi intervención que genera siempre más sorpresa y mayor debate. Después de todo, estamos acostumbrados a vivir en el mundo feliz de Google (insertese aquí el nombre de la plataforma o herramienta free que se desee) donde las interacciones son fáciles y gratuitas.

¿Gratuitas? Ha llegado el momento de entender la información (especialmente la personal) como moneda de cambio. El trueque es éste: el usuario proporciona información. Por información entiendo: datos personales, empleo de determinadas expresiones de búsqueda, enlace a otra página, interacción con otro usuario… A cambio, tiene acceso a herramientas sin coste para él. La plataforma consigue estos datos y los revende a los anunciantes. Si nosotros somos la principal fuente de información sobre nosotros mismos (Anil Dash, SixApart), somos también responsables de cómo la compartimos.

Y compartirla, la compartimos con alegría. Me pregunto: si vas a una fiesta donde apenas conoces a nadie, ¿te animas a exponer tus creencias religiosas al primero que encuentras? Si en la presencialidad ni se te ocurre proporcionar ese dato, por íntimo, ¿por qué en Facebook sí?

El debate fue interesante y la asistencia siguió el ritmo infernal sin perder comba. Tuve ocasión de conocer en persona a Lola como mola, de saludar a algunos ex-alumnos míos y de documentarme para mi nueva novela (esto último, de estranjis). Y a las nueve, a casa, que para ser lunes no está mal.

PD: Y tú, ¿qué marca eres? ha sido seleccionado por Casa del Libro para su sección especial de libros sobre Marcas

 

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Tres ideas para sobrevivir a tus contactos «tóxicos»

Será la educación recibida, será la ingenuidad. Sea lo que sea, soy una de esas personas que cree en la amistad sin fisuras y se niega a aceptar que no todo el monte es orégano y que algunos «amigos» son más vampiros que otra cosa.

Mis años me costó llegar a ver las intenciones reales de ciertos contactos – no muchos, por suerte. Para mí siempre existían explicaciones válidas con las que justificar una acción poco noble o incluso lesiva.  Después pasé a la fase B: era capaz de no autoengañarme y entender que ciertos comportamientos resultaban dañinos. Era incapaz, sin embargo, de actuar. Me dejaba llevar por un cierto principio de justicia divina, según el cual al final la vida pone a cada quien en su sitio.

Siento que estoy entrando ahora en la fase C: además de confiar en la justicia divina, está bien adoptar una serie de precauciones para que un/a falso/a amiga no te desangre. Se me ocurren estas tres.

1. Entiendo por «contacto tóxico» aquella persona que se acerca en busca única y exclusivamente del propio beneficio. Su intención puede ser más o menos aparente. Algunas se esfuerzan en disimular. Otras van directamente al grano. Lo que está claro es que el contacto tóxico no concibe la relación como un intercambio entre iguales sino como una simbiosis parasitaria. Se aprovecha de ti. Si tu intuición se enciende, escúchala. No te precipites, pero no te descuides tampoco. Si es el caso, pronto te enterarás (suelen ser reincidentes).

2. La justicia divina existe y al final la vida pone a todos en su sitio, pero no está de más ayudarla. En mi experiencia, confrontar al «amigo/a», compartiendo nuestro malestar y proponiendo soluciones funciona poco y mal. Las personas somos muy resistentes al cambio y el «vampirismo» es una patología especialmente acusada. No intentes cambiar al otro: cambia tú. Cambia de amistades, para empezar.

3. El mejor antídoto frente a una persona «tóxica» es la distancia. Si logra acercarse de nuevo a ti, acabarás rindiendote a sus encantos / su discurso embriagador / etc. Después de todo, lo que esperas más que nada en el mundo es haberte equivocado. Lo que esperas más que nada en el mundo es que fulanito sea la persona amable, cariñosa y generosa que creiste que era.  Pero no lo es. Ni lo será. Mejor pasar el duelo que vivir en una agonía permanente.

En los últimos seis meses se han cruzado en mi vida dos personas tóxicas, una de cada género. En ambos casos, me ha dolido. Echo de menos ciertas conversaciones y algunos proyectos y todavía, a veces, creo que soy yo quien ha malinterpretado, que soy yo,yo, yo…  No es fácil «quitarse» de según que amistades, pero a veces no nos queda otra. Gestionar o sufrir.

 

 

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¿Qué visibilidad queremos?


Las mujeres no andamos sobradas de referentes en los que inspirarnos. Y ahora, de repente, surgen políticas a diestro y siniestro.  Bienvenida sea la visibilidad de la mujer, pero ¿qué visibilidad?

Empecemos por la ministra de Defensa, a quién El País dedicó recientemente una portada y reportaje (al que pertenece esta foto). El título: «Madre y ministra». El orden de las palabras merece de por sí una reflexión. Las imágenes, también: verse limitada por razones de seguridad a pasear un bebé por una azotea debe ser, por lo poco, incómodo.

A la ministra le siguió la gobernadora del Estado de Alaska y candidata republicana a la presidencia de los EE. Sarah Palin tiene el mérito de ejemplificar con claridad meridiana la pregunta: ¿valgo por ser cómo soy y defender lo que defiendo o por ser mujer? La candidata lo es en una cultura electoral en la que las familias (esposa e hijos) de los candidatos aparecen en determinados actos. Palin ha optado por exponer a sus cinco hijos, algunos en situaciones complejas.

Cierro el trío con Tzipi Livni, quien puede haber ganado hoy las elecciones a la presidencia de Israel. Es el perfil que me resulta más lejano y, por eso, el que más me llama la atención. Se trata, que yo sepa, es la única candidata presidenciable que ha sido agente secreto (del Mossad, para ser exactos) y, al parecer, no de despacho. Repasando la prensa de hoy, observo que los artículos sobre la Sra. Livni remarcan que es vegetariana. Pregunta del millón: si fuera el «Sr.» Livni, ¿ esa información sería reseñable? Al final, me asalta la duda de cómo un agente secreto (hombre o mujer) puede combinar la clandestinidad con el vegetarianismo. El exmarido y dos hijos de la Sra. Livni, por cierto, han dejado claro que quieren quedar en un segundo plano.

Me da que pasará un tiempo antes de que encontremos la medida y sepamos qué parte de la vida privada debe exponer una mujer visible en la vida pública.  Confío en que, a medida que haya más mujeres visibles, iremos aprendiendo soluciones.

 

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Visibilidad para emprendedoras y reputación para empresas

En esta semana que se cierra he tenido oportunidad de ocuparme de las dos caras de la moneda, de visibilidad y de reputación.

De lunes a jueves dirigí la primera edición del Curso de verano de Gestión de la reputación corporativa (IDEC UPF). En él hablamos de cómo se configura hoy lo que denomino «Reputación distribuida» de una empresa,  cuales son las principales plataformas 2.0 en las que los usuarios compartimos opinión, en qué constiste el seguimiento de la reputación, cómo realizarlo, cómo diagnosticar y cómo actuar, después, en consecuencia.

Los veinte participantes fueron muy activos y pudimos desarrollar un programa apretado en unos margenes de comodidad suficientes. Josán, uno de ellos, definió muy bien el enfoque del curso: «Empaquetar experiencia». La reputación distribuida es un concepto que justo ahora empieza a calar en las empresas, reticentes a asumir que han perdido el monopolio del mensaje. A la espera de que surja un corpus teórico que recoja los postulados y conocimientos necesarios para manejarse en este nuevo entorno, sólo nos queda compartir la experiencia profesional, y eso hicimos. Josán grabó y publicó este vídeo de servidora en plena intervención.

Ayer viernes, apenas finalizado el curso, impartí la conferencia «La visibilidad de las mujeres emprendedoras» en el encuentro que Anem, red de entidades de apoyo a la emprenduría femenina, celebró, nada más y nada menos que en La Pedrera de Gaudí. Hablar de visibilidad después de cuatro días intensivos de reputación es como volver a la luz después de las tinieblas.

Si, en general, los profesionales aún no aprovechamos todas las posibilidades que Internet nos ofrece para darnos a conocer, en el caso de las mujeres esta dificultad se acrecienta. ¿Por qué lo afirmo? Porque constato, por un lado, la escasez de referencias que las mujeres tenemos. Faltan emprendedoras de éxito que estén dispuestas a asumir un liderazgo social que sirva como espejo en el que vernos reflejadas. Por otro, las mujeres tendemos a la discreción y las acciones de visibilidad a menudo nos resultan poco cómodas. No hablo de TODAS las mujeres porque es imposible generalizar pero sí creo que existe esta discreción, la voluntad de «no aparecer,» y de ejercer más influencia que poder (y el poder es siempre más visible que la influencia).

Lo mejor de la jornada no fue la increíble sala diseñada por Gaudí: fue escuchar las experiencias de las profesionales que me precedieron y el almuerzo de trabajo posterior.  Para mí, poco dada a actividades «de hermandad», esa conversación con otras mujeres que comparten retos e intercambian opiniones fue una fuente de reflexiones que hoy, sábado, sobrevuelan la rutina doméstica.

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Serendipia del día: Introducción a los Medios sociales

Serendipia: capacidad de realizar descubrimientos felices de forma accidental.

Hablar de Medios sociales es tarea ardua: son tantas las plataformas y las prestaciones que uno termina perdido en la cacofonía digital.

Ayer, en la primera edición del Curso de Gestión de la reputación corporativa en IDEC-UPF,  Bel Llodrà hizo un repaso de las principales herramientas 2.0, señalando, con acierto, que, aunque para el neófito pueden parecer complejas, al final comparten prestaciones comunes que facilitan -por suerte- la vida del usuario.

De los Medios sociales y su relación con la conversación se ocupa, de forma simpática y muy clara, esta presentación. Podríamos traducir el título como «Pero ¿qué c****** son los medios sociales?».

Vía: Samuel, participante del curso.

PD: Josan, otro participante, cuenta su vivencia del curso en su blog.

 

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