Escritura

El poder del mago

Hoy a las 19.30h y a petición de Carolina Lozano, su autora, me complace presentar en el Ateneu Barcelonès la novela El poder del mago.

Carolina también es una autora 2.0 y espero que en el coloquio con los asistentes tendremos ocasión de comentarlo.

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El curioso caso de F. Scott Fitzgerald

¿Qué mejor empujón para un escritor, aunque sea grande y esté muerto, que un puñado de nominaciones a los Óscar? Esto es lo que le ha sucedido a Scott Fitzgerald, a quien se debe «El curioso caso de Benjamín Button«.

Este «regreso» me concierne. En mi «vida anterior-anterior-anterior» me formé y trabajé como traductora.  Y mi obra maestra fue, precisamente, la traducción al catalán de El diamant gran com el Ritz, una antología de relatos de S. Fitzgerald.

El encargo fue todo un reto. El autor escribía los relatos bajo el influjo de la enfermedad y la amenaza de deshaucio, con lo cual no resultaba extraño toparse con frases inacabadas o, a veces, incomprensibles. Recuerdo que en algunos momentos pensé que no lo lograría. Pero lo logré y en su crítica, publicada en el  Diari de Barcelona, Mª Antònia Oliver declaró que «la traducció de Neus Arqués és molt encertada», cosa que para una diglósica supone un reconocimiento de primera magnitud.

Cuando terminé la traducción me encerré. Me saturé de FS y decidí no leerlo en un tiempo. En bastante tiempo. Después e investigando sobre escritura, escritoras y enfermedad mental me adentré en la figura de Zelda, su mujer, y el autor me empezó a caer de mal en peor. Quizás, con película o sin ella, haya llegado el momento de reconciliarse. 

Gracias a David Figueras sabemos que las versiones en castellano o catalán de relatos de este autor escasean. Escasean tanto que la mía, la única publicada en catalán, está descatalogada.  Ojalá Edhasa se anime a republicar la antología. Esta es (en honor de Xavier) la última frase:

«Quan es donaren la mà hi havia prou llum de lluna perquè tots dos veiessin l’afecte acumulat als ulls de l’altre».  SCOTT FITZGERALD, S., «Els recers de la felicitat» en El diamant gran com el Ritz. Edhasa, Barcelona: 1987. Trad.de N. Arqués.

 

 

 

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Los libros son como faros

Los libros son como faros y la comparación es de Anne Lamott, una escritora maravillosa, reconocible por su voz cálida.

Sería un lujo que su Bird by Bird. Some Instructions on Writing and Life se tradujera al castellano. Hacerlo requeriría un esfuerzo importante, tanto para «localizar» conceptos como para transmitir las ganas y el humor con que Lamott explica sus experiencias como escritora.

Con Bird by Bird  Lamott ha conseguido, ejemplar a ejemplar, que un libro dedicado al acto de escribir se convierta en un best-seller. Mi ejemplar se encuentra en el estante más cercano a la mesa de trabajo, guárdandome las espaldas, empujándome a avanzar.

Esto es lo que Lamott tiene que decir a propósito de los faros – y de los libros: «Lighthouses don’t go running all over an island looking for boats to save. They just stand there, shining».

Brillar inmóviles: eso hacen los libros. Feliz fin de semana.

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Literatura para mujeres: ¿hace falta redimirse?

Hace un tiempo escribí que la literatura para mujeres es un club al que nadie quiere pertenecer. La etiqueta «chick lit» se usa para ubicar «literatura rosa para mujeres sofisticadas» (Qué leer, octubre de 2008) y a muchas el color rosa, sinceramente, nos pone los pelos de punta.

La chick lit se presenta como «género literario aliado con el entretenimiento popular» (Harzewski, S.). «Rosa» y «popular» son adjetivos que connotan como pocos «poca calidad». Es cierto que existen muchas novelas para mujeres que resultan infumables, repetitivas y sexistas. Pero lo mismo puede decirse de muchos thrillers, de novelas históricas o de obras «pseudoliterarias». De todo hay y no todo es bueno. Ni malo.

En el caso de la chick lit, las evocaciones negativas son tan fuertes que a una le dan ganas de esconderse cuando la propia novela se califica así.  Las autoras optan por desligarse del género como estrategia para «ser tomadas en serio». Marian Keyes, una de sus madres fundadoras, ha conseguido sus mejores críticas cuando se ha dedicado a escribir sobre un «asunto serio» (la violencia doméstica). Entre nosotros, a Sílvia Soler le dan un premio no por su 39 + 1 sino por una novela sobre la postguerra. Ambas parecen entonces haberse «redimido» de su pasado «chicklitero».

La pregunta es: ¿por qué redimirse? ¿Qué hay de malo en la literatura para mujeres como género? ¿Por qué es tan denostado? ¿Por qué cuando las mujeres escribimos sobre nosotras mismas «no somos serias»?   Los dilemas que plantean las novelas de chick lit sobre la propia proyección, las opciones a las que se enfrenta una mujer, sus relaciones sociales y de pareja son legítimos y no deben ser empequeñecidos. Frivolizar sobre la chick lit es frivolizar sobre la condición femenina y juzgarla desde los parámetros predominantes (es decir, los masculinos).

 

 

 

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Telefonista

(De la entrevista del Financial Times a la escritora Gillian Slovo, 15/16 Nov 08)

«FT: ¿Qué haría Usted si tuviera que dejar de escribir?

GS: Me resulta impensable. Para alejarme del escritorio tendría que embarcarme en caminatas que durasen semanas, incluso meses. Entonces, desesperada por haber fracasado, me convertiría en telefonista».

 

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Una mujer como tú tiene un plan

Una mujer como tú se publicará en marzo. «¡Falta mucho!», pensarás. Yo creo que no. Que no falta mucho tiempo para conceptualitzar y preparar las acciones que se pueden hacer para apoyar al libro.

Por eso en estos días nos hemos reunido con Olga (inf izq., mi editora), Ana (inf. dª), Directora de Comunicación y Alejandra (sup dª), Responsable de Marketing de la editorial Martínez Roca, para compartir ideas que ayuden a la visibilidad de la novela.

En un país en el que cada día (incluyendo sábados y domingos) se publican 220 novedades, la visibilidad es un factor determinante si queremos que los lectores -y me reitero- «vean» la novela.  Por eso estamos trabajando ya para darle un empujón.

PD: De Marketing para escritores hablaré el próximo sábado día 8 en Barcelona. La Asociación de Escritores Noveles me invita a participar en su Jornada «De novel a Nobel».

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Confesiones de una diglósica

Gonzalo me preguntaba con mucha delicadeza por qué escribo en castellano y no en catalán.  Esto es lo que creo:

Escribo en castellano porque parezco bilingüe pero, en realidad, soy «diglósica». En Sociolingüistica la diglosia alude a la situación en la que en un mismo territorio coexisten dos lenguas, una considerada prestigiosa (que sirve para transmitir conocimiento) y otra considerada popular o familiar.

Éste es mi caso. Como todos los miembros de mi generación, empleé el catalán en casa y el castellano en la escuela. La diferenciación era de obligado cumplimiento hasta el punto de que una misma persona -yo- se llamaba de dos formas distintas: «Neus» en casa y «Nieves» en el colegio.  Esta situación bipolar me llevó a expresar los afectos en catalán y a aprender el mundo en castellano.

Después, cumplidos los 13 años, mi contexto sociolingüístico empezó a cambiar, de la mano de los cambios políticos, pero para entonces una primera visión del mundo ya estaba formada. Tanto es así que recuerdo perfectamete como mi hermana pequeña, diez años menor que yo (y, por tanto, educada en castellano y catalán) me pidió que le ayudara a hacer los deberes. Teníamos que repasar «El aparato auditivo». Fui incapaz. Los términos que ella había aprendido en catalán para designar las partes del oído me sonaban a chino: yo sólo los conocía en castellano.

Es cierto que después, durante mis años en la Escuela de Traductores de la U. Autònoma, me puse al día. ¡Y cómo! Aprendí gramática, fonética y ortología. Disfruté mucho e incluso me gané la vida durante un tiempo haciendo traducciones a este idioma. Me cabe el honor incluso de haber traducido al catalán El diamant gran com el Ritz, una antología de F. Scott Fitzgerald. Digamos que tengo ahora la competencia técnica para expresarme en catalán como si fuera bilingue. De hecho, mi primer texto publicado está escrito en catalán.

Y aún así, a pesar de toda la formación adicional y de muchas lecturas, en este momento de mi vida «me sale» escribir en castellano. Siento que en algun momento esta tendencia puede cambiar. Me gustaría volver a escribir en catalán y me alegraré cuando suceda.  Como me alegraría que mis novelas se publicasen en catalán. Pero eso ya no depende de mí: depende del mercado editorial. Y la coletilla es que «el mercado no puede absorber tantos títulos en dos idiomas». Lo dejamos aquí, porque esto daría para un monográfico más allá de mi diglosia confesada.

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¿Por dinero o por placer?

Continuando con mi ronda de encuentros editoriales, ayer por la tarde me reuní con un amigo librero para hablar de nuestros respectivos proyectos futuros.

Su visión de la cadena de valor editorial me confirmó lo que ya sabíamos: el editorial es un mercado (no una ONG), la participación de los diversos agentes (editores, distribuidores, comerciales, libreros, medios de comunicación) está (des)coordinada, existen «modas» (véase al respecto el suplemento «Culturas» de La Vanguardia ayer, sobre el auge de la novela histórica).  Conclusión: conseguir que un libro se venda es más improbable que ganar la lotería. La probabilidad disminuye si el libro en cuestión es novela.

Oído lo cual, esta autora se pregunta si tenemos que guiarnos por el mercado o por el placer. ¿Cómo decidimos qué escribir? ¿Nos esforzamos en tomarle el pulso al mercado, con la esperanza de tener así más boletos de lotería? ¿O pasamos de todo y escribimos aquello que nos llama?

La respuesta tradicional es la de dejarse llevar por la voz interior y escribir por placer. Esa es quizás la zona de confort, la respuesta intuitiva. Escribir cueste lo que cueste. Pero escribimos para ser leídos y el lector encuentra nuestro libro en un mercado. ¿Entonces?

Se me dirá que existe un amplio espectro de posibilidades, desde el oscurantismo purista al best-sellerismo «caiga quien caiga». Y es en ese espectro donde cada quien tiene que posicionarse.

No es fácil, no.

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Oído barra

Esta mañana me he reunido con Fèlix Riera,  Director editorial de Grup 62.

La ocasión la pintaban calva para intentar descubrir cúal es el ingrediente que hace que algunas novelas adquieran mucha visibilidad en un mercado hipersaturado. Riera, del tema, sabe mucho. Entre los «tropecientos mil» editoriales y sellos que coordina, este año se han apuntado dos Harry Potters, «El niño con pijama de rayas» y unos cuantos éxitos más en catalán, un mercado con un número de lectores potencial en principio modesto. 

Yo pensabla que el quid estaba en el género, como si se tratara de modas: «esta temporada se lleva la novela histórica». Riera me ha venido a decir, sin embargo, que es el autor y no el género el que determina el éxito de una novela.

Para pensar.

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Margarit gana el Nacional de Poesía y yo me alegro

Joan Margarit ha ganado el Premio Nacional de Poesía por su Casa de Misericordia.

Me alegro por él, me alegro por Mònica Margarit y te recomiendo, si no lo has hecho ya, que salgas disparado/a a comprar el poemario y lo leas (en mi caso, armada con una caja de Kleenex). La poesía de Margarit nos lleva de la tristeza al refugio y al consuelo, ambos necesarios siempre.

Como persona, valoro en Margarit además la combinatoria de dos vocaciones, la arquitectura y la poesía, y me sirve como ejemplo positivo de multitasking.

¡Me alegro de verdad!

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