No estaba previsto | Neus Arqués

No estaba previsto

WomUp 10616“No estaba previsto que yo estuviera allí”.

Esta frase se la escuche ayer la abogada y política Magda Oranich, a quien aprecio mucho. Me reconocí: me recordó momentos en mi vida en los que tuve la sensación de que me presentaba en una fiesta a la que no me habían invitado o en la que era “la rara”.

La frase de Magda ha sembrado la reflexión de hoy, sobre cómo ser visibles cuando somos pocos y/o raros. Las dos coincidimos en la presentación de la asociación WomUp: una mesa redonda sobre visibilidad y mujer en la que también participaron Andrea Vilallonga, Montserrat Vendrell y Julia Salses.

Magda narraba sus experiencias al iniciar la carrera, cuando en los juzgados ni siquiera había aseos para mujeres. “Entonces me di cuenta de que no estaba previsto que yo estuviera allí”. A las mujeres en la Justicia no se las esperaba.  Escuchándola empecé a pensar este post.  Todos queremos ser visibles, pero ser visibles cuesta especialmente cuando

Esas son ocasiones en las que no estaba previsto que tú y tu idea estuvierais ahí. Y en esas ocasiones más que nunca hay que ser valiente y visible y decir: Aquí estoy yo, aunque no me hayáis previsto, y ahora veamos entre todos como salimos de ésta por la puerta grande.

Es muy fácil ser popular. El reto es ser visible cuando no está previsto que estés allí. Pre-visto. Pre-ver. Visible.

Adelante entonces.

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Te dejo con las próximas convocatorias:

 

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Comentarios

Quizás sea por mi ascendencia galaico-portuguesa, pero tengo una habilidad única para sentirme siempre como un pulpo en un garaje, y en estas situaciones lo último que se me pasa por la cabeza es ser más visible. Aunque reconozco que si tienes la sangre fría para obviar que te sientes como un ser con ocho patas, es un buen momento para destacar.

Jose: una cosa es ser “raro” y otra esconderse. Desde luego, dar la cara no es fácil, pero ¿y si los raros fueran ellos? Gracias siempre por comentar!

Creo que es importante aquí decidir si quiero ser visible o no, además de conocer bien lo que el contexto te permite. Yo estoy viendo las ventajas que tiene ser “invisible”, cuando no cuentan contigo para un movimiento, una promoción o un proyecto clave. Una ventaja es todo el tiempo que te puedes permitir ahora que no tienes esa obligaciones que la visibilidad te implicaría. Es un reto identificar las ventajas, pero poder se puede.
Ahora bien, para mí el gran reto está cuando has decidido que quieres dejar de ser invisble. Si no hay cambios en el contexto en el que estás, mejor buscarse otro donde poder “ser vista”, ¿alguna alternativa al cambio del contexto?.
Gracias!

Mónica, para mí, ser visible obedece a un principio básico: ser feliz. En el momento en que la comodidad del proyecto actual, con un compromiso mínimo e invisible, no compensa, hay que buscar nuevos contextos. La guía: ser feliz. Si te dedicas a lo que te gusta -o te acerca a lo que te gusta- querrás que todo el mundo lo sepa. Gracias por comentar.

Dar la cara cuando te sientes invisible no es fácil, pero creo que solamente la puedes dar cuando te relacionas con los demás en un plano de igualdad y para ello un elemento muy importante es la confianza en uno mismo.

Totalmente de acuerdo, Inma. Gracias por comentar.

Siento ese “no estaba previsto” a menudo. Como cuando en una reunión, donde la mayoría son hombres, se están proponiendo nombres para una mesa redonda, conferencia o lo que sea y yo salto con una incómodo “no estáis proponiendo a ninguna mujer” (un clásico, #onsonlesdones). O cuando un compañero mío junior habla con un cliente y al referirse a mí el cliente en cuestión piensa que soy la secretaria, no la superior de un hombre… Muuucha paciencia, constancia y pedagogía…

Todo irá cambiando, Rosa. Confiemos en la visibilidad constante. Gracias por comentar!

sí, qué mal te lo pasas en estas situaciones!
Aunque yo recuerdo con cariño una muy especial. Yo debia tener unos 16 años, ya trabajaba en Barcelona (venía del colegio de monjas de Tarragona), y por las noches iba a las clases de portugués que ofrecia el Consulado de Brasil
Un dia me invitaron a una fiesta que se daba en el mismo consulado.
Por supuesto era la más joven, no conocia a nadie -creo que no asistió ninguno de mis compañeros de clase- me daba vergüenza estar comiendo demasiados pastelitos, no sabia qué hacer, así que me senté en unas escaleras que daban al piso de arriba. Al ratito vino un señor mayor, se sentó a mi lado; tría unos pastelitos, me preguntó qué hacia. Le dije la verdad: que era la primera fiesta que iba, que estaba muy contenta por la novedad, pero que ahora estaba cansada y aburrida, que no conocía a nadie, y … El me contó que tambièn le pasaba más o menos lo mismo y por eso habia venido a sentarse conmigo.
Me preguntó mi nombre y quién era: le dije que era alumna de portugués. Y yo le pregunté quién era él: el Cónsul, me contestó.
¿a que no es un detalle para recordar toda la vida? Lástima que normalmente no se tiene este final feliz.

Me encanta esta historia, Teresa! Gracias por compartirla

Y tú, ¿qué opinas?

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