La identidad digital, el perdón y el olvido | Neus Arqués

La identidad digital, el perdón y el olvido

Internet no olvida. ¿Olvidaremos nosotros como sociedad? ¿Cuánto tiempo deberá transcurrir antes de que perdonemos una “indiscreción digital” (foto improcedente, comentario fuera de tono…) que continuará siendo pública mientras la Red exista? Si no existen el perdón ni el olvido digitales, ¿cómo podremos reinventarnos y empezar de nuevo?

Sobre estas cuestiones ha escrito Jeffrey Rosen un magnífico artículo, The End of Forgetting. Partiendo de un caso concreto -una estudiante de magisterio a la que su facultad negó el título por culpa de una fotografía en Facebook-, el autor analiza las implicaciones de esta inmortalidad digital en la que vivimos y para la que se plantean ya iniciativas como declararnos “en bancarrota reputacional” cada equis años, de modo que nuestro rastro digital no nos persiga para siempre.

Mientras el mundo anglosajón se pregunta por las consecuencias de una identidad digital distribuida y pervasiva, en nuestra cultura prevalece todavía la despreocupación: todavía consideramos que tener un número elevado de amigos en Facebook -sea cual sea su relevancia- es símbolo de status. No existe una reflexión sobre los pros y contras de la (sobre)exposición digital.

Es cierto que Internet no es la única tecnología que incide en nuestra privacidad -hace sólo una semana leí un publirreportaje dedicado a una empresa experta en el reconocimiento biométrico mediante “soluciones no invasivas, que funcionan a distancia y en movimiento, respetando así la privacidad e intimidad de las personas”  (las cursivas son mías). Pero Internet sí ofrece determinados mecanismos de autogestión.

Nuestra identidad digital no sólo depende de nosotros, sino que otros usuarios la conforman con sus opiniones y referencias. Eso no nos exime, creo, de reflexionar sobre qué tipo de persona queremos ser en la Red. Se dibujan dos extremos. En uno, los usuarios que estarán dispuestos a ceder parcelas de privacidad a cambio de lograr una mayor exposición. En el otro, los que abandonarán la Red porque no les compensará. En el medio, el resto de los usuarios. Cada cual decide donde se ubica. Lo importante es decidir en conciencia y no descubrir, a toro pasado, que nuestras huellas digitales dejan un rastro que no nos representa.  Hoy por hoy, la sociedad en red no perdona ni olvida.

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Comentarios

Sería algo así como: haz en la red igual lo mismo que harías en la calle pero no lo que harías en casa, no?

Vaya tela lo de la empresa.

Y tú, ¿qué opinas?

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