¿Cuánto cuesta ser visible? | Neus Arqués

¿Cuánto cuesta ser visible?

Cada vez tomamos más conciencia de que es importante que hagamos visible nuestra propuesta profesional. La visibilidad es uno de los activos con los que contamos en esta época de transformación digital masiva.

Me parece estratégico recordar que la visibilidad se paga. Como advertía la profesora en Fame: “Queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor”. No sé si con sudor, pero sí sé que pensar qué tipo de visibilidad necesitamos, encontrar los formatos adecuados, hacer llegar el mensaje a nuestro público cuesta.

Para empezar, cuesta tiempo: el que invertimos a aprender (en Internet nadie nace enseñado) y a poner en práctica lo aprendido. Y ese tiempo es diario: para obtener resultados, cada día hacemos algo para optimizar nuestra visibilidad.  Y ese tiempo es tiempo que no dedicamos a otros menesteres. Escucho y entiendo, por ejemplo, las quejas de mis colegas autores cuando dicen que lo suyo es escribir novelas, no tuits. Sin embargo, en el actual panorama editorial, si no queremos quedarnos huérfanos de lectores, no podemos abdicar de participar en la difusión de nuestra obra.

También pagamos por la visibilidad de otras maneras. ¿Qué cuota de privacidad estás dispuesto a ceder? El uso de las plataformas sociales no es gratis: pagamos con nuestra información personal.  ¿Cuántos datos querrás compartir en tu perfil después de haber aceptado –porque lo hemos aceptado todos al poner el sí en las condiciones de uso- que cualquier contenido que publiques en Facebook pasa a ser propiedad de Facebook?

Nuestro tiempo y nuestros datos son material sensible. Yo los veo como los pilares de nuestra identidad personal. Y creo que cada vez es más complejo gestionarlos en un entorno donde los algoritmos siempre corren más que las personas. La palabra clave aquí es la expresión“transformación digital”, que va camino de etiquetarlo todo.

No hay recetas mágicas para la visibilidad instantánea.  Para ser visible, hay que ser relevante. Relevante para que nos vea nuestro público. Me refiero aquí a aquellas personas que queremos que nos conozcan, nos contraten, nos lean, nos recomienden.  Cada uno de nosotros encuentra su equilibrio. Si nuestro mensaje llega a su destinatario, la inversión en tiempo y privacidad será adecuada.

Este post actualiza este otro, que publiqué en noviembre de 2012.  ¿Qué opinas? ¿Te desgasta ser visible o te atrae la idea?  En mi opinión este debate comienza a ser imprescindible, así que te doy las gracias por  compartir tu opinión.

Apúntate a mi Tertulia y recibirás mis notas directamente en tu buzón.

Tags:


Comentarios

Hola Neus,
A mí no solo me desgasta sino que, también, me vuelve loca. La visibilidad es uno de los objetivos principales de mi negocio para este año. El problema es que tengo tantas dudas que, a menudo, no sé ni por dónde empezar. Al no querer dar los pasos equivocados, en ocasiones no doy ninguno!
Me he propuesto dejar de tener miedo y lanzar la primera acción ya (mi segunda experiencia Vive 50! ;-))
Gracias por tocar este tema.
Un abrazo,
Miriam

Miriam: todo comienza con un pequeño paso. El más pequeño. Adelante!

excelente tus aportes , en un mundo del auge de la arrogancia, quien .existe la arrogancia del ego,las minorías dominantes , los grupos de poder, la universidad , los partidos políticos . como hago……. la visibilidad el comercio o no……

Gracias, José Daniel: no es fácil, cierto.

Gracias por tu propuesta Neus.
La reflexión sobre el esfuerzo que hay que realizar para llegar a un objetivo me parece fundamental para llevarlo a cabo sin demasiados inconvenientes.
Considero que cualquier proyecto, importante o no, debe ser ponderado antes de darle inicio y es lo que he tentado de hacer y os lo propongo, por las dudas que sirva para algo.

Haciendo un resumen a vuelo de pájaro, diría que primero hay que observar la situación en que nos encontramos para imponer nuestro producto, cualquiera que sea.
En el caso de un escritor se refiere a un mercado de lectores al que hacemos la propuesta.
Surgen entonces las preguntas para valorar las posibilidades

– ¿se venden muchos libros?
– ¿hay mucha competencia? ¿el mercado está saturado?
– nuestra capacidad de promoción, ¿qué niveles alcanza?

Y muchas otras más…

La situación describe factores externos que no podemos controlar. Se pueden solamente observar y describir para crearnos una idea de lo que podría suceder con nuestra oferta.
Creamos entonces una estrategia, donde, con los elementos que conocemos, se puede hacer un pronóstico de posibilidades futuras.

Pasamos luego a considerar el precio que estaríamos dispuesto a pagar, que seguramente sufrirá variaciones a través del tiempo, en relación a los resultados parciales.
Este segundo razonamiento es absolutamente personal y podemos controlarlo con mayor facilidad.

No obstante las dos consideraciones están dirigidas por la Motivación que cada uno tiene.

La Motivación la percibo como el “estímulo” personal que nos lleva por determinados caminos, o también, como la “necesidad” que nos inclina compulsivamente a cumplir un esquema íntimo, a veces ni siquiera demasiado claro para nosotros mismos.

Las factores externos ofrecen recompensas de popularidad y de satisfacciones económicas, por lo que pueden convertirse en la clásica carrera detrás de la zanahoria, en la que se olvida el propósito inicial, disminuyendo el interés por el trabajo y aumentando el deseo de llegar a cualquier costo.
En si misma, no creo sea una actitud equivocada embarcarse en la esperanza de ser rico y famoso, pero es una recompensa que difícilmente llega y conviene tener a mano preparado el plan B, para salir indemnes del intento.

Las motivaciones internas, que es bueno cultivar, fortalecen las energías en lograr un objetivo, que se intuye importante, trascendente – aunque a lo mejor no lo es – pero que satisface profundamente y, substancialmente, no precisa de la benevolencia externa para manifestarse.

Es una motivación toda nuestra, ninguno tiene el poder de tergiversarla.

Un saludo cordial

Ana María

¡Qué bueno tu comentario, Ana María! Coincido contigo en que la motivación interna es determinante. La ubico cerca del propósito de cada quien. Gracias por compartir tu reflexión.

Y tú, ¿qué opinas?

(requerido)

(requerido)