Regreso al pasado | Neus Arqués

Regreso al pasado

   Los restaurantes de Barcelona (y de otros lugares, imagino) deberían pagar un plus a Facebook por todas las cenas de ex (ex-compañeros de trabajo, antiguos alumnos, ex novios/as,…) que esta red social fomenta al permitir que, desde el pasado remoto, volvamos a encontrarnos con personas que tuvieron un papel destacado en él.  Yo misma asistí el sábado a uno de estos encuentros, en el que treinta años después, nos reencontramos veintidós compañeras de EGB y BUP. 

   El reencuentro se tiñó desde el principio de una alegría nerviosa pero cierta. Nerviosa porque a veces besabas a una mujer sin ubicar la niña que fue. Cierta porque pronto los treinta años dieron paso a una lista compartida de recuerdos de la infancia, empezando por el uniforme obligatorio (con el calcetín marrón hasta la rodilla, amarrado mediante un elástico para evitar las riñas correspondientes), continuando por los juegos del patio (todo el universo “churro, media manga, mangotero”) o el inolvidable viaje de final de curso que nos llevó a dar la vuelta a España en autocar en una semana.

   De ese viaje yo recordaba que fue ahí, en ese autocar, cuando empecé a fumar. Sin embargo, había olvidado por completo que escribí un diario (una bitácora, para entendernos), que “publiqué” bajo una especie de licencia copyleft, por la cual pasé las cuartillas a mis compañeras, y quien quiso lo copió (no fotocopió: ¡copiaron de su puño y letra!). De esa incipiente incursión literaria mía se conservan, al parecer, dos ejemplares manuscritos y espero poder releerla.

   Todavía hoy continuo agitada por ese reencuentro y la pregunta: ¿hemos sido lo que entonces parecía que íbamos a ser? En el terreno laboral los perfiles eran muy diversos y primaba la continuidad. En el familiar, la maternidad se manifestaba en dos versiones contrastadas: a) hijos adolescentes y casi autónomos o b) hijos pequeños de las que “se pusieron tarde”. La mayoría, pocos hijos. Algunas, ninguno. A ese escenario se sumaban además las primeras ausencias, alguna enfermedad seria y algunas heroicidades cotidianas -cuidar del padre en silla de ruedas o del hijo con TDA sin dejar por ello de trabajar.

   Me alegro de que nos hayamos vuelto a ver y de que, a pesar de los años -que pasan y pesan-, tuviéramos recuerdos felices y nuestros: nuestro mantra en francés (“ne” y “pas” siempre rodeando al verbo), las clases de gimnasia en la capilla o los pasadizos secretos que salían de algun lugar del patio y nos llevaban seguro -aunque nunca los encontramos- al mundo exterior, en el que ahora somos desde lo que entonces fuimos.

 

 

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Comentarios

Que lindo poder revivir el pasado y recordar cuando todavía eramos ingenuos y jugabamos.Yo todavía no hice ese tipo de reuniones pero cercano a los 30 me gustaría.

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