¿Y si perdiéramos el tiempo? | Neus Arqués

¿Y si perdiéramos el tiempo?

Como profesionales, nos enfrentamos a exigencias crecientes de eficiencia. Cada vez tenemos mayores presiones para producir just in time, para diferenciarnos y posicionarnos, generar propuestas de valor, informes y contraseñas, para que nos guste lo que nos gusta…  No hay tiempo que perder –  y no lo perdemos.

Una lectora de mi Curso de escritura para mujeres muy ocupadas se lamenta de que, cuando escribe, es demasiado eficiente.  Comienza la redacción con un sentido claro del objetivo comunicativo, sabe organizarlo, estructurar el texto y terminarlo en el tiempo justo. Tanta eficiencia la abruma: no siente el placer de escribir por placer. No se permite imaginar y eso la frustra.

Este caso no es anecdótico. La eficiencia va camino de convertirse en la nueva epidemia, de consumirlo todo y a todos, dejándonos pocos o ningún espacio o ánimo para la creación y el juego. La respuesta, para mí, pasa por darse permiso. Al igual que mi lectora, me convenzo de que perder el tiempo no solo es un auténtico lujo: es una necesidad. Los robots no pueden perder el tiempo; nosotros, en cambio, sí.  Esta cualidad nos diferencia, aunque ya nos refiramos a ella con un verbo muy revelador: “desconectar”.

Podrías –podríamos- reservarnos un rato esta semana para no hacer nada de consecuencia. Podríamos leer por placer, o vagabundear sin rumbo (flâner) o quedar con alguien solo porque nos apetece. Como propuso muy acertadamente en una ocasión una amiga mía: “Hoy podríamos hacer algo que no cambiara nuestras vidas”. Olvidarnos del mesianismo productivo que nos están inculcando y, por una vez, darnos permiso.

Tomarse ese margen no es fácil. La resistencia se encarga de torpedear cualquier atisbo de libre albedrío ¿Por qué íbamos a hacer algo así? Bien.    Hoy podríamos perder el tiempo…

porque el vagabundeo incrementa la creatividad,

porque la creatividad es lo que nos hace humanos,

porque sí.

Esta podría ser la propuesta de la semana: haz algo que no vaya a cambiar tu vida ni a salvar el mundo Haz algo porque sí.  ¿Nos contarás tu experiencia en los comentarios?

Gracias a Anabel Rodríguez por entrevistarme para su sección “Donde nace la magia”, a propósito de un tema insólito para mí: el espacio donde escribo. Verás en las fotos de la entrevista que «The Optimism of Breakfast», la imagen que acompaña este post, me acompaña también en mi estudio. Es obra de la formidable ilustradora Maira Kalman para la formidable revista The New Yorker.

 

 

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Comentarios

He dejado de preocuparme por llegar a todo, cubrirlo todo porque mañana volverán a estar hay y habrá que hacerlo, he dejado de correr

Muy acertado, Neus. Considero imprescindible para mi salud mental el volver de vez en cuando a esos días sin móvil, sin email, sin redes sociales. Es irónico que en la era de la inmediatez no tengamos tiempo para disfrutar de verdad con lo que hacemos. Entiendo de todo corazón a tu alumna. Gracias por expresarlo de manera tan bonita y precisa, fiel a tu estilo. Saludos.

Parece que hayas leído mi pensamiento. Decidí que este mes de marzo haría un parón en mi hiperactividad cumpliendo eso si, servicios mínimos (o sea los profesionales). Fuera de esto, he dejado de producir. Pensaba que un día sin producir (lo que fuera, mientras fuese creativo) era un día perdido. Y sin embargo disfruto perdiendo el tiempo aquí y allá. Tengo un par de planes sencillos pero atractivos antes de Semana Santa, y solo me preocupa como volver a arrancar en abril 😉

Simplemente dejar que todo fluya… difícil muchas veces en este mundo donde sueles planificarlo casi todo, si amerita desconectarse dejar que la mente descanse. La idea creo que yo es disfrutar cada momento lo que realizamos. Así cuando llegue ese momento de desconexión lo disfrutemos más.

A vegades només cal canviar una rutina: el camí de sortida de la feina, anar a badar pel barri sense cap propòsit concret, parar a prendre un vermut a un bar “desconegut”, seure en un banc i mirar les persones que passegen, escoltar els ocells,

Como todos los días, fui a dar un paseo por la playa, pero he desistido por el viento y las olas que azotan con fuerza el malecón ,mis perros que se divierten mucho con el agua; intuían el peligro y se alejaron con mucha cautela, me miraban , como queriendo decir: no podemos, vamos a casa”.

Diría que es saludable perder el tiempo de vez en cuando. Saberte libre para poder bajarte de esa enorme noria en la que giras a diario sin control de sus pausas. Poder bajar y alejarte te ayuda también a verla en perspectiva, y puede que no sea tan magnífica como nos la presentaron (eso en el mejor de los casos, en el peor de ellos ni siquiera fuimos conscientes de que nos subíamos en ella).

Buenos días Neus, fantástico artículo… “olvidarnos del mesianismo productivo “… brutal definición… Y así hice ayer tarde después de mucho tiempo tras diez horas diarias de producción como cada día… pasear tranquilamente por las tiendecitas cercanas a mi oficina, disfrutar de un café sólo con azúcar mientras hablaba con una amiga… y poder ir al gimnasio con la sensación de calma.. y no de obligación… Qué placer de tarde… Gracias por mostrar “cómo perder el tiempo”. 🙂

Y tú, ¿qué opinas?

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