¿Se te cae la casa encima? Diez lugares inspiradores para escribir y planificar | Neus Arqués

¿Se te cae la casa encima? Diez lugares inspiradores para escribir y planificar

¿Trabajas en casa? ¿Escribes en casa?

Tener el despacho al final del pasillo presenta ventajas organizativas, fiscales y de logística familiar. Por otro lado, esta opción exige un nivel alto de autodisciplina. ¿Te suena? Vas a la cocina a por un café y no puedes evitar poner la lavadora. Ya que estamos, revisas la lista de la compra. Y te acuerdas de que tienes que llamar a tu madre.  Y sales a anotar la lectura del contador y…

Y todo consume ese precioso tiempo que te habías reservado para escribir o planificar un nuevo proyecto. Tu resistencia y la vida cotidiana se han confabulado y han arruinado la ocasión.

A veces la solución pasa por salir de casa.  En otras ocasiones, el propio domicilio ni siquiera es una opción porque no tenemos una habitación propia. A continuación encuentras diez espacios donde escribir e inspirarte.  Los he probado todos. Seguro que ves una opción que encaja – o más de una.

10 espacios para escribir fuera de casa

En un bar. Es la opción más socorrida (que se lo pregunten a  J.K. Rowling).  Según el establecimiento que elijas, podrás tener wifi (aunque soy partidaria de escribir sin conexión). Para mí lo importante es que el bar sea poco ruidoso. Cada uno tendrá sus preferencias. No es necesario que sea un local con pedigrí literario, salvo que el objetivo real sea el postureo.

En la biblioteca.  La mayoría ofrecen wifi gratis y, más importante aún, estantes y estantes de libros que te guardan las espaldas. Creo firmemente en escribir rodeada de libros, porque nos acompañan en un viaje muy solitario.

En una librería. También tendrás estantes. A diferencia de la biblioteca, aquí estás en un espacio comercial. Asegúrate de ser cliente del establecimiento o mostrar algún interés por serlo.

En casa de un amigo/a.  Esta ha sido mi opción el pasado verano y debo decir que la estancia ha resultado muy productiva.  Resultan ideales los apartamentos de temporada fuera de temporada, porque por lo general el municipio entra en una fase de sosiego que viene muy bien si estás concentrado.

En un hotel.  Cuando trabajaba en mi novela Todo tiene un precio, acordamos con mi editor una estancia de cinco días en un hotel en mi propia ciudad, de modo que pudiese aislarme y entregar el manuscrito en los plazos previstos. Funcionó. Tengo un gran recuerdo del personal del hotel, los únicos seres humanos con los que interactue y que me trataron con mucha delicadeza.

En el parque, durante el horario escolar, mientras los abuelos juegan a petanca y ven la vida pasar.  Recuerda: tú no has venido a jugar a petanca, sino a escribir.

En el claustro de un monasterio. Esta es una de mis opciones favoritas cuando realmente necesito aislarme.  Algunas órdenes religiosas ofrecen incluso la posibilidad de recogerse en sus hospederías durante unos días en la soledad más completa.

En un museo, especialmente si no es un museo muy visitado. Funciona muy bien si la temática del museo está relacionada con tu proyecto.

En un centro de coworking. Este formato prolifera en las ciudades y es ideal cuando estás trabajando en un proyecto con más personas.

En la azotea de tu casa, cuando el tiempo lo permite, o –el sueño de muchos- en un cobertizo al fondo del jardín.

Si recurres a otras alternativas, gracias por compartirlas en los comentarios: así ampliamos las opciones.

La imagen que acompaña este post es obra de la ilustradora Malika Favre. Me encantan sus portadas, especialmente ésta para The New Yorker.

 

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Comentarios

Hola Neus:
La verdad es que escribo bien en casa… cuando me dejan. Mis problemas son dos niñas de 10 años que no terminan de entender que cuando escribo, escribo. Tengo bastante capacidad para aislarme, pero lo de ellas me supera. He puesto un cartel en la puerta que pone “Perro peligroso” a ver si cuando la cierro pillan el mensaje. A veces sí y a veces no.
Creo que me costaría mucho más trabajo concentrarme en un bar o en un parque porque me pondría a mirar a la gente y a inventarme historias. Lo del hotel me parece genial, voy a ver si encuentro alguien que me pague una estancia 😛 .
En cualquier caso son unas sugerencias estupendas y con tu permiso comparto.
Sólo se me ocurre que si alguien tiene un pequeño campo (por aquí muchas persona tienen parcelas) o una casita en el pueblo (que suelen ser más silenciosos) también son unos lugares estupendos para aislarse un poco.
Un abrazo

Anabel

Anabel, ¡qué buena idea, la parcela en el campo! ¡A la lista! Gracias por compartirla.

A mi me funciona ir cambiando de espacio. Quizás si el entorno es nuevo, también lo serán las ideas que mi cerebro sea capaz de generar….
Así pues, De las opciones que propones, me quedo con hacer una combinació de las diez…. ‍♂️

Jordi, a mí me sucede lo contrario: tengo tanta turbulencia interior que necesito un exterior predecible. Lo importante es que cada uno encuentre su método. Gracias por compartir el tuyo.

A mi me ha cambiado la vida un coworking, en concreto el Coworking Canodrom de Barcelona. http://canodrom.com/
Lo recomiendo, sobretodo por el apoyo y soporte de todo el personal que trabaja allí.
Como su modelo de negocio no es el coworking, sino que es una incubadora de proyectos, a los coworkers nos tratan como un proyecto incubado más y el apoyo que dan sobrepasa de largas cualquier lugar similar.
Y además allí dentro puedes encontrar un montón de espacios donde sentarte a trabajar, además de la mesa están las gradas, las salas comunes, los despachos, la cocina, la terraza…

Monica: me ha encantado tu comentario por una razón muy personal. Yo vivía justo en frente del canódromo. Es un referente tan importante para mí que le he dedicado uno de los capítulos de “Vive 50”. Desconocía que ahora es un espacio de coworking. Iré a visitarlo seguro y, si estás, pasaré a saludarte.

Y tú, ¿qué opinas?

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