Verines se escribe con p | Neus Arqués

Verines se escribe con p

Verines. "La nueva España". A. EspinaNunca antes he dedicado un post a nadie. Éste, sin duda, es para Luis García Jambrina.

Desde hace veintisiete ediciones, los Encuentros de Verines acogen (mejor: enclaustran) durante dos días a una trentena de participantes, en su mayoría escritores, que debaten a puerta cerrada sobre un tema. Este año nos pasamos dieciséis horas discurriendo sobre la Literatura en la era digital.

Hablamos del autor como marca (Cristina Fallarás y “mi” Javier Ruescas), de la relación con el lector (Anika Lillo y Vanessa Montfort), de la cadena de valor editorial (Jesús Badenes), del mercado digital (Antonio María Ávila y Manel Loureiro), de Amazon (yo misma), de la tecnología y sus usos (Javier Celaya y el vampiro Rafael Reig), de los metadatos (Arantxa Larrauri). Analizamos cómo los formatos evolucionan (José Manuel Lucía Megías) y modifican nuestra manera de leer (Luis González y Fernando Marías) y escribir (Jesús Marchamalo y Kirmen Uribe) y, añado, por tanto, de estar en el mundo. Debatimos (Lorenzo Silva y Martín Casariego) sobre propiedad intelectual. Dolores Romero, María Goicoechea y Laura Borràs me han descubierto nuevas formas narrativas vinculadas a la Red, como las de Benjamín Escalonilla y Doménico Chiappe o la ciberpoesía de Miriam Reyes y de Xavier Sabater. Hemos hablado más de los tiempos que corren que de los libros que leemos y escribimos, quizás porque todo es tan cambiante que necesitamos imperiosamente hacernos con el cambio y posicionarnos en él.

Como escritora, agradezco a la DG del Libro (representada por Rogelio Blanco, Mónica Fernández y Alicia García) la invitación y como ciudadana la aplaudo. En un momento en que la tecnología se impone sin una mirada crítica, la sociedad debe exigir a sus escritores lo que siempre nos ha exigido: que le devolvamos una imagen fidedigna de sí misma. Una sociedad que no se explica a sí misma es una sociedad confusa. Y, junto a la exigencia moral, espacios como Verines propician que esa mirada crítica pueda compartirse. Del mismo modo que la clase media se está viniendo abajo por la crisis, la “clase media” de los autores, quienes no somos best-sellers pero contribuimos a dotar de pluralidad a esta mirada crítica, vivimos en un entorno que nos da todas las posibilidades de expresarnos pero donde escribir ya no es suficiente.

Al debate se añadió el “Off Verines”, el programa paralelo que autogestionamos. Encerrar a veinticinco escritores en una recóndita playa asturiana es lo que tiene: que terminan constituyéndose en generación. Y esta generación escribe Verines con p, con la p de palabra, de pantalla, de programar/pensar, de público/privado y alguna otra más.

Al respeto intelectual por mis compañeros se añade ahora mi afecto, declinado en muchos infinitivos: Admirar, adoptar, atraer, beber, criticar, confundirse, conversar, descubrir, discutir, escuchar, premiar, proteger, rechazar, recitar, reírse.

Y escribir. Y leer. (Y bañarse).

PD: Aquí puedes leer otras crónicas:

“Ya no leeremos novelas: las navegaremos”. P.Alonso me entrevista para “La voz de Asturias” (incluye bonita foto).

La Fundación Germán Sánchez Ruipérez resume el encuentro (PD: Gracias por citarme).

Anika lo explica por partida doble: en clave seria y en clave de humor (dice bien: me dieron el premio “Esther Williams”).

Vanessa Montfort vuelve al cole.

Cristina Fallarás narra su abducción.

Javier Ruescas insiste en que “amigos” se escribe con p.

José Manuel Lucía titula al pie de la letra.

Rafael Reig desvela quién es  “El vampiro de Verines“.

Tino Pertierra resume las ” inconclusiones” en “Renovarse o morir“.

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