Leemos y leeremos (La lectura social) | Neus Arqués

Leemos y leeremos (La lectura social)

Mañana participo en las jornadas interdisciplinares sobre lectura que organiza la Fundació Pallach. Durante dos días, neurólogos, educadores, bibliotecarios y psicólogos comparten conocimiento sobre el acto de leer.

A mi intervención, prevista al final, se le adjudica el título vertiginoso de “Lectura y futuro”. El futuro tiene mal predecir, y más en los tiempos en que el cambio tecnológico se produce a ritmo intenso. ¿Qué leeremos? ¿Cómo leeremos? Hablaré mañana sobre la lectura social. Sobre sus retos publiqué esta reflexión  que recupero a continuación.

La lectura social

Vivimos vidas cada vez más sociales. A esta dinámica no es ajena la lectura, un proceso que vuelve a ser social. Si somos lo que leemos y somos lo que anotamos, ¿cómo compaginar nuestra reflexión lectora con la privacidad?

“La lectura social es la manera normal de leer”, afirma la consultora editorial Kassia Krozser. Las primeras narraciones junto al fuego eran en grupo. Más tarde, “pasamos de la luz de la hoguera a la de la vela y leer continuó siendo un acto social”. La lectura individual surge con los mercados de masas y conlleva un nuevo hábito social: compartir los libros. Las anotaciones en los márgenes (marginalia) que “enriquecían” los ejemplares en papel son, en su formato digital, una nueva forma de lectura social, ya que puedo compartir mis observaciones con otros lectores que están leyendo la misma obra.

El reto, según Krozser, consiste en que el lector pueda publicar sus apreciaciones allá donde esté. Puede querer anotar en el propio ebook, tuitear, recomendar al autor en Facebook y reseñar el libro en su blog. Los editores deben encontrar el modo de agregar el contenido generado por los usuarios (UGC) de forma que aporte valor al libro.

Los lectores, por otra parte, debemos fijar nuestro umbral de privacidad. Si somos lo que leemos, nuestra biblioteca nos identifica. La influyente American Civil Liberties Union ha analizado el tema Y anoto: “Muchos consumidores no son conscientes de que los dispositivos lectores digitales y los servicios on-line pueden obtener mucha más información sobre un individuo y sus hábitos de lectura de lo que nunca había sido posible en el mundo off-line. Además, muchos proveedores tienen un incentivo económico potente para almacenar esta información durante períodos prolongados de tiempo, ya que es la base para un modelo de negocio basado en la publicidad”.

¿Y qué información es esa? Según el mismo informe, Google Books rastrea: a) La expresión inicial de búsqueda empleada por el lector/a; b) El libro que ha ojeado y qué páginas ha ojeado en concreto; c) La fecha y hora en que se realiza la consulta; d) La IP, navegador y sistema operativo del lector/a y e) Una o más cookies que identifican el navegador específico desde el que se ha realizado la consulta.

El informe, que detalla también los parámetros de monitorización de Amazon, concluye solicitando a los proveedores cuatro “garantías básicas” que protejan al lector:
– Transparencia (saber qué información se rastrea y si y a quién se le cede).
– Confidencialidad (el proveedor no cederá el “historial lector” de sus usuarios a terceros).
– Monitorizacion limitada en cuanto a datos rastreados y tiempo de almacenamiento de los mismos.
– El usuario debe poder controlar su historial lector y modificarlo a su conveniencia.

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Comentarios

La lectura sólo puede ser social, pese a llevarse a cabo en privado. Uno de los puntos fuertes de la lectura es como permite conmutar el interior de uno mismo con aquello que le rodea. Las redes sociales y lo 2.0 añaden potencia a todo eso.

Es también muy importante lo que señalas acerca de las garantías: Si la tecnología otorga más información a la industria, debe otorgarla también al lector.

Bernat, me gusta la imagen de “conmutar”. Y sí, deberíamos estar mejor informados y ser más proactivos en la gestión de la privacidad. Un abrazo.

Y tú, ¿qué opinas?

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