Neus Arqués | Web oficial de Neus Arqués, escritora y analista

Si no sabes qué hacer, no hagas nada

¿No sabes qué producto debes promocionar? ¿Te cuesta decidir si una propuesta laboral te conviene?

Para. Detente y escucha. No hagas nada.

“No hacer nada” es el nuevo mantra de algunos de los autores estadounidenses que sigo. Dejar que las cosas fluyan se ha convertido en una estrategia de negocio.

Crece la reclamación de tiempos propios, que destinaremos a lo que nos de la gana con un objetivo: tomar perspectiva – o cambiarla. Lo que se promueve no es parar porque sí, sino una pausa productiva, durante la cual prestamos atención a los aspectos que realmente nos importan.  Aprovechamos la pausa para cambiar la mirada. La necesidad de simplificar llega con su contradicción inherente: para que no hagamos nada, nos van a enseñar a no hacer nada.

Ya en 2012 el escritor Pico Iyer argumentaba en el New York Times que “en apenas una generación hemos pasado de loar los aparatos que nos ahorran tiempo y que expanden nuestras vidas a intentar alejarnos de dichos aparatos para ganar más tiempo. Cuantas más maneras tenemos de conectar, más desesperados estamos por desconectar”.  Te recomiendo su Ted Talk sobre el arte de la quietud.

Puedo identificarme perfectamente con la necesidad de parar. A veces me miro y miro alrededor y nos veo como hámsters haciendo girar la rueda. Somos seres sobreexcitados y sobrecafeinados que se agitan en redes sociales que son cada vez más redes y menos sociales.  Vivimos en modo 24/7, como los robots. Pero el trato no es éste, al menos para mí. Yo no quiero parecerme a un robot. Yo lo que quiero es que un robot me permita ser más yo –quiero más pausas creativas. Sin embargo, reconozco que a veces tanto ruido nos viene bien. Parar nos genera angustia porque preferimos el ruido a las preguntas.  Es difícil hablar del propio propósito.

En resumen:

Ahora que hemos cruzado el umbral del verano en mi hemisferio, quiero recuperar el placer de la inmersión y de la presencia. Leer adentrándome en una trama sin la presión autoimpuesta de consultar mi móvil, no fuera caso que llegue un mensaje fundamental mientras yo estoy en otro mundo. Estar auténticamente presente en una conversación, escuchando lo que la otra persona dice … y lo que quiere decir. Olvidarme de tomar un selfi pensado para que recuerde lo que no puedo recordar porque cuando lo tomé no estaba plenamente allí.

Si no sabes qué hacer, no hagas nada. Puedes tomarte un sabático de un año… o de una hora. Da igual. Lo apagas todo y te vas a caminar, que es una manera formidable de cambiar la mirada – y no requiere presupuesto.

Me despido por ahora con mi agradecimiento por estar en esta lista tan inspiradora para mí.

La ilustración de este post es un ejemplo precioso de cómo cambiar la mirada. Su autora, Eleanor Macnair, es especialista en reproducir fotografías empleando plastilina.  Esta reproducción se refiere a esta imagen de Cindy Sherman.

 

 

Apúntate a mi Tertulia y recibirás mis notas directamente en tu buzón.

Tags:


12 Personas comentan